Entrevista Matthew Levin

Canadá en España

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Autor: Mayte Díez
Autor Imágenes: Eva Peñuela
Fecha Publicación Revista: 01 de junio de 2017
Fecha Publicación Web: 05 de agosto de 2017

Sale a recibir a la entrada del que es su hogar en Madrid donde se celebrará la entrevista; estrecha la mano pero de inmediato pasa al abrazo; sorprendente en un canadiense y del cuerpo diplomático. Pero Levin tiene la sonrisa franca y esa mirada directa y abierta que invita al diálogo. Su plural mayestático parece estar más relacionado con su mujer, de origen italiano, que con el lenguaje ministerial.

Club de Gourmets. ¿Es su primer contacto con España?

Matthew Levin. Habíamos venido en viaje de novios hace más de 40 años. Y con vergüenza debo decir que no habíamos vuelto, me refiero como turistas, para visitarlo con calma.

Habrá notado cambios

¡Ha sido increíble! Llegamos directamente de Italia y España era muy diferente, mucho más tradicional, las mujeres jóvenes, algunas todavía acompañadas, señoras vestidas de negro... Era otro mundo. En infraestructuras no estaba al nivel de Francia o Alemania. ¡De Madrid a Barcelona tardamos 11 horas en tren! Y ahora es un país que está a la vanguardia de Europa; un país con fuerza, dinámico, con empuje social y empresarial y la gente, con una forma de ser que es sumamente agradable.

¿Qué aspectos le han gustado más?

Algo que me gusta muchísimo es que aquí –y lo comparo con Canadá– se vive el espacio público. Se percibe un sentimiento de vida en común. Paseas por las calles de Madrid y siempre hay gente, las terrazas llenas. Esa interacción, ese aspecto social en el que juegan una parte importante la comida y la bebida; la forma de comer, el tapeo, ese compartir que forma parte del estio de vida español.

De hecho, si lo comparo con otras situaciones diplomáticas, una de las cosas que favorece el trabajo es la facilidad de comunicación con nuestros interlocutores.

En ese estilo de vida influye el clima

La luz empuja a salir a la calle, da alegría de vivir, cierto; pero ni en los países sudamericanos ni en Italia se da esa vitalidad. Una de las cosas que define Canadá es el invierno.

No solamente es parte de nuestra identidad; somos una gente muy cortés, con disposición a ayudar, pero las relaciones son algo más distantes. Aquí siento la cercanía. Llegando sobre todo como nosotros, los diplomáticos.

Uno deja a la familia, los amigos están lejos y tener rápidamente cercanía con las personas, el trato, te hace sentir bien. Incluso en el lenguaje. Acabas de conocer a alguien, una relación profesional, un político, y te manda un mensaje diciendo qué gusto haberte conocido, y se despide con un fuerte abrazo. Es una expresión de cercanía.

Aunque hará gala del lenguaje diplomático la pregunta obligada son los contras

Respondo no como diplomático, sino como persona y lo digo con toda honestidad, no hay nada que pueda decir que me desagrada. Hay cosas a las que hay que adaptarse, pero la vida de un diplomático es así. Uno de los cambios a los que cuesta un poco adaptarse son los horarios, que son muy diferentes. Se come muy tarde y sobre todo, se cena muy, muy tarde.

Hablando de cosas de comer, ¿qué productos o platos le han sorprendido?

Ya conocíamos algunos, el jamón ibérico, la paella, el gazpacho... Un plato sencillo, refrescante, perfecto, magistralmente adaptado al clima. Y sobre el jamón, conocía el producto pero no toda la cultura que hay detrás de él y que ahora ya se ha dado a conocer. Hemos estado en San Sebastián, ¡los pinchos, las tapas¡ ¡Qué increíbles! Para la vista y para el paladar. Y Andalucía, las diferentes maneras de cocinar el rabo de toro, las berenjenas con miel y especias, de origen árabe...

Cada zona de España tiene varios productos estrella: el cochinillo, el cordero lechal, el cocido madrileño... Lo más destacable de su gastronomía es que empleando técnicas culinarias modernas, se respeten los sabores y se mantenga la esencia del plato.

¿Y sobre los vinos españoles?

Nosotros siempre ofrecemos vinos españoles. Hay que decir que el gobierno de Canadá tiene una política en nuestras embajadas de servir siempre vinos canadienses.

Nuestra industria vinícola ha tenido un auge importante, un aumento en la producción y la calidad; de hecho, en mis otras misiones siempre hemos servido vino del país pero aquí en España –porque honestamente, todos tenemos limitaciones de presupuesto–, estamos sirviendo vinos españoles porque la verdad es que no se puede competir con sus vinos en la relación calidad-precio. Servimos, eso sí, nuestra sidra y el vino de hielo.

Su país ha firmado el Acuerdo Económico y Comerical Global (AECG) también conocido por su siglas inglesas CETA, con la Unión Europea. ¿Qué ventajas aporta a España y a Canadá?

Ventajas muy concretas y muy directas para las dos partes; la más inmediata es la eliminación de aranceles en la casi totalidad de productos agroalimentarios. España podrá exportar sin pagar derechos casi el 92% de sus productos a Canadá y se reducirán sensiblemente los precios que los canadienses debemos pagar por los productos europeos.

¿El vino estará libre de impuestos?

Ya lo está; fue inmediato, desde el primer día. El CET ha eliminado otros obstáculos comerciales para los vinos y las bebidas espirituosas, lo que facilita a los productores el acceso al mercado canadiense, ya que no pagan derechos de aduana de las exportaciones.

¿Qué productos agroalimentarios exporta su país?

El 40% de todas las legumbres que se comercializan en el mundo provienen de Canadá. También es el primer productor y exportador de lentejas y guisantes secos en el mundo, y un gran productor de trigo duro que exportamos principalmente a Italia y Francia.

Se han alzado voces críticas sobre el acuerdo ¿A qué se refieren?

Es legítimo el desacuerdo porque las cosas se pueden ver desde perspectivas diferentes, pero se critica por cosas que no son reales. Que conducirá a un descenso en los estándares de la calidad de comida y sobre la protección. Eso no es cierto en absoluto. No hay nada que obligue a un país a cambiar sus propias normas. El acuerdo nos da una cuota de exportación de carne de res; un pequeño porcentaje, pues bien, ya es algo.

En Canadá, sobre todo la carne de muy alta calidad, se produce en ganadería libre. Y se han utilizado hormonas porque la legislación lo permite. Ahora, para poder exportar a Europa, tenemos que ajustarnos a la normativa europea y esa carne debe ser una línea libre de cualquier otro tipo de adicción.

¿Protege el CETA a los pequeños productores?

Además de proteger los productos agroalimentarios con Denominación de Origen o IGP, el acuerdo facilita las inversiones de las PYMES del sector en Canadá.

Existe un gran mercado potencial para los empresarios españoles puesto que a través de Canadá tienen acceso a toda América del Norte.

Un país del norte y otro del sur. ¿Nos conocemos lo suficiente?

Lo que tenemos entre Canadá y España es una muy buena relación. No hay grandes diferencias en nuestras posiciones.

Lo que de verdad nos falta un poco es el conocimiento mutuo. En Canadá, a diferencia de otros países, no hay una gran comunidad de origen español.

Desde aquí se ve Canadá como un paraíso democrático pero muy lejos y muy frío

La distancia ya no es un problema, pero el clima no se puede cambiar; ahora bien, es sorprendente cuánto tenemos en común: ambos somos monarquías constitucionales, tenemos similar tamaño de la economía, de la población... Y cuando nos conozcamos mejor, estableceremos un intercambio muy fructífero para ambos.

Etiquetas: entrevista, Canadá, Matthew Levin, embajador,

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