Entrevista Luis Conde

Olfato y talento

Es uno de los empresarios más reconocidos de España. Fundador de Amrop Seeliger y Conde, presidente del Salón Náutico de Barcelona y aficionado al buen vino, adquirió Mas Anglada una pequeña bodega en la localidad ampurdanesa de Fonteta.

Foto: Valerii Piataiev
Foto: Valerii Piataiev

Por Emilio Molines

Publicación Revista: 01/02/2020

Publicación Web: 30/01/2020

El éxito de Luis Conde (Barcelona, 1950) comienza con la fundación de Amrop Seeliger y Conde, empresa líder en el headhunting español que preside actualmente. Su firma ha colocado a un buen número de primeros ejecutivos al frente de las principales empresas españolas y es la entidad de referencia de 23 de las 35 compañías del IBEX 35 que cotizan en La Bolsa. También es presidente del Salón Náutico de Barcelona y un buen conocedor del mundo del vino. En 1986 adquirió la bodega Mas Anglada, una masía catalana del siglo XVI situada en las afueras del núcleo urbano de Fonteta (Baix Empordà), donde produce dos vinos tintos, un rosadito y un cava rosado, con una filosofía inspirada en los grandes vinos de Burdeos, pero que es capaz de expresar el carácter del Empordà. Conversamos con el empresario catalán en sus oficinas, que se encuentran en una céntrica calle de Barcelona, al lado del Paseo de Gracia.

Su empresa ha puesto a un buen número de primeros ejecutivos al frente de las principales compañías españolas y en el extranjero. ¿Cómo sabe si la persona elegida va a funcionar?

Lo más importante para nosotros es conocer muy bien cómo es la compañía, a sus trabajadores y el candidato que necesitan. Hay mucha gente muy bien preparada que podría ocupar un puesto determinado, pero lo difícil es que tenga los valores que encajen con los de la empresa. Otro punto a tener en cuenta es su actitud, que es lo que se ve en el primer momento. Antes de nada hay que descubrir cómo es esa empresa y, una vez la conoces bien, vas al mercado. También es importante tener una buena preparación técnica y un olfato desarrollado para detectar las cualidades del candidato.Así funciona nuestro negocio.

¿Qué tipo de perfil directivo se impone hoy en día?

El valor más importante que debe tener un directivo es una gran base de conocimientos y unos valores adecuados para la empresa, como son el esfuerzo, la capacidad de generación de entusiasmo, que sea trabajador y responsable, que piense más en términos de equipo que en él mismo, que sea optimista (la gente optimista rinde mucho más que el que no lo es) y muy internacional, con predisposición a poder cambiar de país. El líder es aquel al que todo el mundo mira cuando hay un problema, y es entonces cuando tienes que tener la capacidad para tomar decisiones rápidas. Hay quien toma decisiones lentas y seguras, como los japoneses, o rápidas e inseguras como los americanos, pero al final, los dos lo hacen bien, aunque hoy en día vivimos en una cultura que nos exige tomar las decisiones lo más rápidamente posible.

¿Qué es lo que más valora de un candidato cuando se entrevista con él?

El currículum no lo miro nunca hasta que no he visto a la persona, porque hay currículas brillantes de gente muy limitada y hay currículas desastrosas de gente muy óptima. Así que cuando veo a una persona los dos primeros minutos me fijo en su actitud y, después, en cómo es como persona, con su familia, con su gente… Cómo se comunica, si miente, si tiene dudas en lo que dice… Para mí, lo más importante es la persona, no el profesional.

Seeliger y Conde es la firma de referencia de 23 compañías del Ibex 35 de la Bolsa española. ¿Qué les ofrece a estas empresas para que confíen en usted?

Transparencia, dedicación personal, no delegar las búsquedas en personas que no son socios, mantener informado en cada momento al cliente del desarrollo de la búsqueda, si tienes dudas comentarlas con el cliente, una base de datos, que en nuestro caso es muy nutrida después de treinta años de experiencia y, además, capacidad de persuasión, que es lo más importante a mi modo de ver. Al final, si llevas 30 años haciendo las cosas bien y ofreces discreción, el cliente repite.

Aparte de ser un hombre de éxito en los negocios, su gran pasión es el vino. ¿Cómo surge?

Mi afición surge porque en mi casa siempre ha habido una cultura del vino y, además, tenía un tío que poseía una pequeña bodega que a mí me parecía enorme. Así que en 1986 decidí adquirir una bodega en Fonteta (Baix Empordà), pero no fue hasta el 2004 cuando decidí hacer mi propio vino y plantar en la masía una viña de merlot y cabernet sauvignon. Todo empezó en Buenos Aires, cuando estaba comiendo unos churrascos impresionantes con unos amigos en un restaurante, me dieron a probar un vino excelente, y cuando pregunté al sumiller de qué variedad se trataba, me dijo “merlot y cabernet sauvignon”. En ese momento decidí lo que iba a plantar en mi viñedo. Al regresar hablé con mi buen amigo Miguel Torres y me proporcionó las cepas. Lo curioso es que nadie de esta zona del Empordà cultivaba estas variedades, así que fui el primero, y hasta ahora.

¿Cuándo tuvo su primera cosecha?

En el año 2006, y me di cuenta que cuando servía el vino a mis invitados, al único que le gustaba era a mí, lo que no era muy buena señal. A partir de ahí, pensé que lo mejor era ponerme en manos del mejor enólogo del mundo, Michel Rolland, que es de Burdeos, y con su ayuda el vino cambió y mejoró notablemente, adaptándolo a las técnicas de cultivo modernas. Cada año, la mitad de la producción va a barrica nueva de roble francés, y de esta manera se le imprime el carácter del gusto a la madera. La otra mitad se queda en unos recipientes de acero inoxidables para conservar los sabores de la tierra. Este es el sistema más cómodo y más higiénico para fermentar el vino. Así que cuando tengo la mitad en barrica y la mitad en natural, hago el coupage de la forma que más me gusta. Cada año que pasa, las cepas dan mejor cosecha.

¿Qué hay que hacer par elaborar tan buen vino?

El cuidado permanente de los detalles: tener la bodega absolutamente limpia, ya que una gota de vino que no has secado produce insectos de inmediato; cuidar perfectamente la temperatura de las fermentaciones; hacer la vendimia lo más tarde posible porque aquella zona tiene vinos muy ácidos, y si quieres evitarlo tienes que tener la uva más pasa, para lograr más grado y menos acidez. También es importante que cuando se hace la vendimia a mano, no se ponga ningún trozo de uva mala y seleccionarla lo mejor posible, tener las mejores barricas de roble francés, hacer los coupages con gente que sepa mucho más que tú, y tener una tierra apropiada con una buena inclinación de los rayos solares. Mira lo que te digo, hoy en día es tan difícil hacer un buen vino como uno malo, y eso quiere decir que la mayoría de los españoles están muy bien.

¿Cuántas botellas produce al año?

Este año he etiquetado 5.000 botellas, de las que 1.500 son de Analvaro (el nombre lo he puesto en homenaje a dos de mis hijos con discapacidad, Ana y Álvaro) que es, sobre todo, cabernet sauvignon y un poco de merlot; 1.500 de Tolimen (denominado así en recuerdo al barco que naufragó en el año 2002 en las costas de África), con mayoría merlot y un poco de cabernet sauvignon; otras 1.000 de Rosadito y otras 1.000 de cava rosado, que no comercializo porque es para consumo propio. Estos vinos se pueden encontrar en restaurantes muy exclusivos como el Celler de Can Roca, Mas Falet, Can Salvi, Gaig… También los vendo en Houston, EEUU.

¿Tiene en su bodega algunas botellas con valor sentimental?

Sí, tengo un par; una es un Matusalem muy especial, que me regalaron cuando cumplí 60 años. La tengo presidiendo la bodega, y no la beberé nunca; también tengo una botella de cava que ha estado unos cuantos años debajo del mar, y que no me atrevo a abrir porque está llena de caracolillos por fuera, pero me hace gracia tenerla.