Su presidente y propietario Jordi Clos, (Barcelona, 1950) es un empresario polifacético hecho a sí mismo, y gracias a su optimismo, coraje y tenacidad ha llegado a lo más alto en el mundo de los negocios. Compagina su actividad empresarial con una verdadera pasión que ha marcado su vida: el interés por los viajes, el arte y las culturas milenarias y, muy especialmente, por la del antiguo Egipto, que cristalizó con la creación, en 1992, de la Fundación Arqueológica Clos y del Museo de Egipto de Barcelona, en este momento el museo privado abierto al público más importante de Europa.
¿Cómo surgió la oportunidad de entrar en el negocio hotelero?
Tenía una empresa que se dedicaba al diseño y la arquitectura de interiores, y surgió la oportunidad de hacer la reforma del Hotel Derby, el primero de la compañía. Mi suegro era uno de los tres socios. Uno de ellos decidió dejar la sociedad y tuve la oportunidad de comprar su parte, con lo que de pronto aquel trabajo empezaba a cobrar visos de proyecto personal, de empresa propia y de futuro. Ya desde dentro, descubrí que mis conocimientos de decoración y de diseño aplicados a la hostelería podían dar lugar a un proyecto muy interesante. Lo primero que vi fue la necesidad de actualizar el espacio y la decoración, transformarlo totalmente, refundar el concepto del hotel e inyectarle un espíritu nuevo, acorde con los tiempos. Pude experimentar lo maravilloso que era diseñar un nuevo concepto de habitaciones dúplex en un hotel urbano, un restaurante con bar que daba a la calle con una cristalera… Era la primera vez que un hotel se proyectaba al exterior. Eso me generó una felicidad extraordinaria y me sentí muy cómodo. Fue entonces cuando me entusiasmó la idea, después de tanto diseñar y construir para otros, hacerlo para mí mismo, vivir qué pasaba con esa obra que había creado, y descubrir que podía dar lugar a un proyecto muy interesante.
Su compañía fue pionera en la búsqueda de edificios singulares e históricos. ¿Por qué apostaron por este formato?
Porque yo he creído siempre que el lujo y la cultura son dos cosas que van muy unidas, y cuando hablas de cultura, hablas de historia, de recuerdo. Para mí un hotel tiene que estar a la altura en la tecnología que requiere el siglo XXI pero, al mismo tiempo, conservar esa imagen de los antiguos palacios o edificios señoriales que le dan un importante valor añadido. Es decir, sentirte en un sitio totalmente contemporáneo dentro de una cobertura histórica. Esto liga y conjuga perfectamente con mi pasión por las colecciones de arte, y me resulta mucho más apasionante compartir una serie de piezas históricas en un edificio o palacio antiguo pues es el entorno apropiado para el concepto.
En el sector hotelero español hay mucha competencia. ¿Qué diferencia a su grupo del resto?
Somos una empresa familiar solvente, que trabajamos en ella y trasmitimos esta cordialidad y calor humano a nuestros clientes. A nosotros no nos ha interesado nunca la cantidad, sino la calidad. El segundo factor es el arte: todos nuestros hoteles tienen personalidad propia por estar situados en edificios históricos y por el arte que albergan, ya que el lujo y la cultura son dos elementos que van en paralelo y son las señas de identidad de nuestra empresa. En estos momentos albergamos más de 5.000 obras de arte antiguo y contemporáneo, incluyen-do las del museo, las de los hoteles...
Derby Hotels Collection es una marca muy atractiva. ¿Ha recibido propuestas de compra?
Si, en estos años hemos tenido muchas ofertas de fondos iraquíes, de fondos de pensiones americanos... pero nuestra compañía es una empresa familiar, en la que trabajamos mis hijos y yo, y no tenemos ningún interés en vender. La verdad es que tenemos la suerte de estar muy unidos y disfrutamos de la compañía, de nuestro trabajo, por lo que no dependemos de nadie externo, así que podemos hacer las cosas como nos gusta a nosotros, por todos estos motivos no vemos que tenga mucho sentido desprendernos del patrimonio o de la compañía.
¿Cómo afronta su grupo hotelero está nueva etapa post Covid-19?
Sufriendo, pero estamos ahí. Creo que estamos saliendo bastante bien parados, a pesar de haber tenido hoteles cerrados, que hemos ido abriendo escalonadamente. Evidentemente, lo más cómodo es cerrar un hotel porque es lo más rentable, pero claro, hay que pensar que a partir de ahora tienes una serie de clientes que confían en ti porque llevan un montón de años viniendo a nuestros hoteles y que seguirán viniendo, pero si tienes el hotel cerrado no le quedará más alternativa que buscar otro, por lo que perderás la fidelidad y la confianza del cliente. Tenemos esta inquietud muy presente, y no queremos dejar huérfanos a los clientes asiduos.
Ha concebido su vida como una gran aventura, y Egipto es su mayor pasión. ¿Cómo surge su afición por esa cultura?
A los 12 años tenía que hacer un trabajo sobre una civilización antigua y escogí Egipto porque me fascinaba todo lo relacionado con las momias, los tesoros, las tumbas, los faraones… A partir de ahí me enamoré de su cultura. Con 19 años viajé por primera vez a Egipto, y en los bajos del Winter Palace, en Luxor, compré a un anticuario mi primera pieza, un ushebti (pequeña estatua que se depositaba en la tumba de los faraones) Más tarde hice más viajes al país y participé como invitado en una excavación arqueológica profesional. Mi deseo era organizar mi propia excavación, y surgió la oportunidad a través de la Universidad de Barcelona, que tenía un proyecto para desarrollar una excavación en Oxirrinco. Firmé el acuerdo de patrocinio y gestioné con el gobierno egipcio la autorización necesaria. Hace unos meses hicimos un descubrimiento arqueológico increíble de reconocimiento internacional en Sharuna, que creo que será la obra más importante de mi vida, aunque aún no lo puedo decir porque el Gobierno egipcio es muy riguroso con estos temas, y hasta que no lo publiquen ellos me lo tienen prohibido.
¿Qué importancia tiene la gastronomía en su compañía hotelera?
Mucha. Todos nuestros hoteles tenían una oferta gastronómica estándar, y fue mi hijo Joaquín quien inició el tema, se obsesionó con tener dentro de la compañía algún restaurante con estrella Michelin y contar con un cocinero de renombre. Empezamos en Madrid con Cebo, en el Hotel Urban, y montamos toda la estructura, hicimos una inversión muy importante en tecnología, personal, espacio, y conseguimos la primera estrella Michelin con Aurelio Morales. Ahora se encarga de la propuesta gastronómica tanto en Madrid como en Barcelona, y desde enero del año pasado contamos con Ángel León, que ha cogido el nuevo espacio Glass Bar del Hotel Urban. También tenemos Mr. Kao en el Hotel Claris, que creo que es una de las mejores referencias de la restauración china en Barcelona.