Persas, chinos, egipcios, griegos, romanos han atribuido a la granada propiedades mágicas, que se fueron transmitiendo por las diferentes culturas.
La atracción que por su belleza ejerce esta fruta hizo que fuese alabada por poetas de todas las civilizaciones, especialmente de las mediterráneas, de donde es originaria, lo que, unido a sus propiedades dietéticas y nutricionales, hicieron de ella algo mágico, una especie de talismán.
La ciencia ha ido confirmando las razones por las que su utilización en la alimentación tiene tantas ventajas.
Eterna Afrodita
El fruto del granado era la ofrenda preferida entre los regalos de boda en Persia, porque sus numerosas semillas representaban la fertilidad y la continuidad de la tradición y por este mismo significado los griegos se la dedicaron a Afrodita. También se atribuye su influencia en el carácter invencible de los soldados babilonios, que antes de entrar en combate almacenaban granos de granada debajo de la lengua.
Los israelitas deportados, que debían atravesar el desierto imitaron a los babilonios y, más tarde, los cristianos armenios que iban al martirio hicieron lo mismo con el fin de asegurar que sus ideas, fertilizadas por los granos de la fruta continuarían estando vigentes en el futuro. Los árabes de Al-Ándalus, que la introdujeron en España, hicieron elogios variados de sus propiedades preventivas y curativas y Gonzalo de Berceo, que la llamó milgrana, por la abundancia de sus semillas, aludió a sus bondades en relación con la salud.
Los beneficios nutricionales
Su riqueza en vitaminas y minerales es considerable y entre estos últimos destaca el potasio por su efecto positivo en la regulación de la tensión, su importancia en la transmisión del impulso nervioso, en la actividad muscular y en la regulación del equilibrio hídrico celular. Entre las vitaminas destaca la C que interviene en el buen funcionamiento del sistema inmunitario, es necesaria para la síntesis del colágeno y para la formación de los glóbulos rojos, interviene en la absorción del hierro, es fundamental en la prevención de los catarros y, según la revista Nutrition, se ha descubierto un efecto antiobesidad, al dificultar la fijación de grasa corporal.
En la granada hay muchas más vitaminas y minerales, pero también contiene flavonoides, que son los pigmentos vegetales responsables del color rojizo de sus granos, de acción antioxidante y antiséptica. Según la Doctora Bellón “el consumo regular de granada produce una disminución de la presión arterial, reduce el colesterol malo y mejora la cantidad de azúcar en la sangre”. Cada vez se da más importancia a su alto contenido en antioxidantes, que tienen capacidad de captar los radicales libres que son nocivos para el organismo, por lo que el consumo de granada contribuye a reducir el riesgo de enfermedades degenerativas, cardiovasculares y cancerígenas.
También se han descrito efectos positivos sobre las fibras de elastina, porque favorece su formación y aumenta su estabilidad, lo que ha convertido a esta fruta en componente de los tratamientos dermatológicos.
Las granadas de España
En Persia se centra el origen del granado, aunque se han encontrado restos antiquísimos entre los Balcanes y el Himalaya. A España lo trajeron los cartagineses, pero fueron los árabes los que iniciaron su cultivo regular, tanto por la producción de fruta como en jardinería, por la belleza de sus hojas verdes brillantes, por su flor y su fruto. Fue un frutal alternativo del olivar sobre todo en las tierras más pobres y su demanda creciente ha aumentado y mejorado las explotaciones que se concentran en Levante y sobre todo en Alicante ya que las tres cuartas partes de la producción nacional está en tres comarcas del sur de esta provincia (L’Alacantí, Baix Vinalopó y Vega Baja).
La variedad más cultivada es la mollar de Elche, dulce y de semilla muy blanda, estrella de la DOP que empieza a compartir protagonismo con la wonderfull, de origen israelí, más productiva y de mayor fruto, aunque de inferior calidad.
La producción actual de la granada española está en unas 50.000 toneladas y aunque la tendencia es creciente, se considera que el consumo aumenta al mismo ritmo y con buen futuro por los beneficios saludables que se le han descubierto para el organismo. La exportación llegó a ser de un 70% de la producción, con destino principal a diferentes países europeos, en donde concurrimos con Turquía, India, Egipto y Túnez, pero la mayor demanda interior hace que, proporcionalmente, esta cifra haya disminuido en los últimos años.
Ingrediente culinario
En la cocina española la utilización de la granada ha sido escasa, casi siempre estacional y sobre todo como ingrediente en las ensaladas. A veces muy sencillas –acompañando a la escarola– y otras más complejas, con pollo y queso o con naranja, cebolla, aceitunas negras y huevo cocido que tiene un cierto sabor árabe. La moderna cocina la ha incorporado en platos sofisticados, a veces adornando cremas, por ejemplo, de calabaza, en arroces o risottos.
También puede encontrarse como guarnición en platos de caza, acompañando al faisán, el pato o la becada –antaño en Mallorca era muy apreciado el plato de la lechona rellena de granada–, a los que da un interesante punto agridulce y, por supuesto, en repostería donde generalmente se recurre al jugo o la melaza de granada sobre todo en heladería. También como fruta, que puede presentarse desgranada o en macedonias, en envases de cuarta o quinta gama.
La granadina, una especie de sirope hecho con su jugo y azúcar, es de uso tradicional en coctelería en donde es ingrediente principal de algunos clásicos, sin alcohol, como el San Francisco o el Sex on the Beach, o con alcohol, como el tequila Sunrise. En la actualidad, con mayor o menor fermentación, y por tanto con más o menos alcohol, se están comercializando bebidas elaboradas a partir de zumo de granada. Algunas están en el mercado y otras son proyectos, pero las ofertas aumentan constantemente y algunas son muy interesantes.