Nueva York

40 años de glamour

Autor: Helio San Miguel
Fecha Publicación Revista: 01 de agosto de 2018
Fecha Publicación Web: 10 de septiembre de 2018

El River Café se encuentra en el lado de Brooklyn en una barcaza fijada sobre un muelle en el barrio que ha sido rebautizado como Dumbo (las siglas del Down Under Manhattan-Brooklyn Overpass), hoy uno de los más de moda no solo de ese distrito, sino de todo Nueva York.

Sin embargo, cuando abrió sus puertas en 1977 tanto esa zona como el resto de Brooklyn, estaban muy lejos de ser lo que son hoy. De hecho la steakhouse Peter Luger, abierta en el siglo XIX cerca del puente de Williamsburg, era la única gran institución culinaria del área y junto con el River Café así se ha mantenido hasta hoy.

Arduo comienzo

La apertura tuvo un proceso largo y complicado. Su propietario, Michael O’Keeffe, conocido como Buzzy, era el dueño del bar Pudding’s que había abierto en 1966 en Manhattan tras dejar los servicios de inteligencia del ejército, en el que se había alistado al salir de la universidad. Un buen día pasaba con su coche por el lugar donde se encuentra el River Café y, pese a su aspecto desolado, le encantó.

Pero abrir un restaurante allí no era tan fácil como parecía. La parcela era de propiedad pública y la situa-ción de abandono de la zona hacía casi imposible conseguir tanto créditos bancarios como los permisos necesarios. O’Keeffe no se desanimó y siguió intentándolo por años mientras abría otros bares y restaurantes. Obtuvo los créditos de bancos de Nueva Jersey, y finalmente diez años después, por fin consiguió los permisos.

Abrió sus puertas en el año 1977 y O’Keeffe se deshizo de sus otros negocios, aunque posteriormente adquirió el Water Club, situado también en la costa, esta vez de Manhattan, así como el Pershing Square Café, justo debajo del paso elevado enfrente de la estación Grand Central, y el Liberty Warehouse, un local para fiestas privadas en la zona de Red Hook, también de Brooklyn.

Si el proceso que llevó a la apertura había sido complicado, los primeros años también fueron muy difíciles. Cuando le fue concedida la licencia eran ya mediados de los años 70, un período en que la ciudad se encontraba en su peor crisis en décadas, sucia, en bancarrota y con los índices de pobreza y criminalidad disparados. El River Café aguantó y se convirtió en un exitoso restaurante que ayudó a revitalizar la zona y al que la guía Zagat definió como “un tesoro de Nueva York”.

La prosperidad de los ochenta se vio brevemente frenada por la recesión de comienzos de los noventa, a la que siguió la gran bonanza de esta década, que fue dorada también para la gastronomía de la ciudad y que se vio truncada por el estallido de la llamada burbuja de las empresas dot-com y los atentados del 11 de septiembre, perfectamente visibles desde el restaurante.

La estrella de Brooklyn

Con la recuperación de la urbe, tuvo lugar también la del restaurante, ya convertido en un clásico de la ciudad. Cuando la Guía Michelin empezó a cubrir Nueva York en 2006, el River Café obtuvo una estrella, que mantiene hasta hoy. Al mismo tiempo algunos barrios de Brooklyn se empezaron a poner de moda y Dumbo fue uno de ellos, con una gran actividad constructora y de rehabilitación de edificios en los alrededores.

Sin embargo, cuando todo iba viento en popa, en octubre de 2012 el huracán Sandy que asoló partes de Nueva York, destruyó el restaurante, inundando incluso la bodega, perdiendo innumerables y caras botellas. Tuvo que cerrar cuando estaba celebrando su treinta y cinco aniversario. Lejos de tirar la toalla, O’Keeffe se embarcó en su reconstrucción, y siguió pagando el sueldo de muchos de sus empleados, algunos de los cuales han trabajado en el restaurante por décadas. Finalmente volvió a abrir sus puertas en 2014, quince meses después, con un aspecto muy similar al original.

Considerado un restaurante para ocasiones especiales, no se debe olvidar su excelente servicio y sobre todo la gran calidad de su cocina y su historia de innovación culinaria. En estos cuarenta años solamente ha tenido seis cocineros, Larry Forgione, Charlie Palmer, David Burke, Rick Moonen y Rick Laakkonen, todos ellos convertidos en estrellas, y Brad Steelman, quien está a cargo de la cocina desde el año 2000.

Con los tres primeros, el River Café fue uno de los pioneros de la llamada New American Cuisine en un tiempo en el que todos los grandes restaurantes de Nueva York estaban en Manhattan, especialmente en dos de sus barrios, el Upper East Side y Midtown, y eran en su gran mayoría franceses. También se adelantó décadas a la tendencia que hoy se conoce como “farm-to-table” adquiriendo sus materias primas de las huertas del valle del Hudson, y siempre se ha dis-tinguido por la gran calidad de su producto, venga de donde venga. Asimismo, fue uno de los primeros restaurantes en apoyar los vinos californianos, de los que cuenta con una gran colección en su excelente carta.

Delicias y paisaje

El River Café abre para desayuno, comida, brunch de fin de semana y cena. Para esta última exige llevar chaqueta y solo la ofrece a precio fijo (130 dólares) aunque con especiales como caviar. Para tener las mejores vistas es preferible ir a cenar y si es posible, en una de las mesas que están al lado de las ventanas, aunque la panorámica se disfruta desde casi todas.

En cuanto a la hora, como es muy importante en este caso, por una vez hagamos una concesión al tempranero horario americano (empiezan a servir la cena a las 5:30) y reservemos una hora o dos antes del anochecer para así poder contemplar tanto las luces del atardecer como las de los edificios por la noche. El menú de Steelman no es radicalmente creativo, pero los platos son deliciosos en su mayoría, como por ejemplo, un excelente salmón con consomé miso japonés o un dueto de foie gras.

Se mantiene, como no, el postre estrella de la casa, el puente de brooklyn de chocolate, que aunque solo sea por una vez, hay que tomar mientras se contempla a través de las ventanas el puente real con las luces de los rascacielos del distrito financiero de Manhattan al fondo.

La primera vez que fui me sorprendió gratamente ver que tanto la comida como el servicio competían con la vista. Años des-pués, cuando me casé, lo hice sin grandes celebraciones, solo con nuestros padres y hermanos, y el lugar elegido para esa es-pecial cena fue el River Café. Allí he vuelto en diversas ocasiones para celebraciones y comidas con amigos. Las últimas han sido tras la reapertura, confirmado que, pese a que sus alrededores han cambiado radicalmente, y pese a que esos ventanales han contemplado booms, crisis, ataques terroristas y desastres naturales, afortunadamente todo sigue igual en este gran clásico de Nueva York.

Etiquetas: River Café, aniversario, restaurante, Brooklyn, Nueva York, Manhattan,

40 años de glamour

Utilizamos cookies para ofrecer a nuestras visitas una experiencia transparente y cómoda a la hora de navegar por nuestra web. Al utilizar nuestra web aceptas el uso de cookies; puedes obtener más información sobre las cookies y su uso en nuestra web en la sección de Política de Cookies.

Aceptar