Cada botella de Pincerna puede hablar del terruño, las raíces, el paso del tiempo, la pasión compartida por trabajar la tierra, las noches de cosecha, los períodos de calma cuando el vino reposa en barricas de roble...
Pero una vez abierta, una botella de Pincerna se enriquece con otras historias, las compartidas alrededor de las copas de aquellos que la disfrutan.
Los vinos de Pincerna están hechos para ser disfrutados con amigos, con familia, o con quien sepa apreciar buen vino y comida.
Compartir un Pincerna rosado o un joven Pincerna tinto es descubrir lo mejor de una uva única como la Prieto Picudo, y disfrutar de su frescura y aromas en buena compañía.
Abrir un Pincerna Albarín blanco es apreciar la rareza de una variedad tan única que solo se encuentra en algunos viñedos de León; y servirlo en una copa es despertar de inmediato los sentidos de alguien que sostiene una fruta que huele a flores.
Descorchar un Pincerna Sumiller es descubrir los secretos que guardan las vides centenarias que, junto con otras más jóvenes, dan vida a este vino y a otros por venir.
Y para saber más sobre Fáfila Pétriz y La Retorcida... por favor, ven y visítanos...