Viticultura y enología: en este vino la uva procede de dos zonas, una en el norte de la DO, en el valle de Villacalbiel, con una altitud entre los 790 y 840 metros. Los suelos son franco-arenosos con algo de contenido en arcillas y un ph especialmente bajo, lo que implica que la viña es una superviviente. En esta zona se encuentran viñedos muy viejos, posiblemente rondan los 100 años o incluso alguno más. Todos ellos entre tomillo, jara, retama y más monte bajo originario de la zona. El resto del viñedo se encuentra en la zona de Calzada del Coto y Sahagún, siendo también viñedos que rondan los 100 años y donde se encuentra más Mencía mezclada con Prieto Picudo y con Garnacha Tintorera.
Para la viña el año 2022 comienza en el otoño del 2021, que fue muy poco lluvioso. Posteriormente el invierno no se caracterizó por sus precipitaciones, aunque sí hubo alguna nevada. La primavera fue lluviosa y ayudó mucho a la viña a crear la calidad final de la uva. La época de vendimia, con sus días soleados con temperaturas altas pero no excesivas, y noches frías, no sólo permitió esperar el tiempo necesario a vendimiar en el momento óptimo, sino que también contribuyó a tener una excelente calidad de la uva. La formación de la plantación es rastrera. Consiste en la formación de una cabeza a ras del suelo y varas de 4 ó 6 yemas siguiendo los patrones de la época.
Cuando la uva llega a la bodega se despalilla y se estruja, para ser enviada al depósito de fermentación, donde fermenta a 26ºC. Una vez finalizada ésta, el vino se separa de sus hollejos. A continuación, se pasa a barrica donde permanece el tiempo necesario para obtener el resultado esperado, que este año han sido 12 meses.
Nota de Cata: Tiene un color vivo y atractivo rojo rubí y tonos que nos recuerdan a la cereza picota. En cuanto a los aromas es como si nos damos un paseo de primavera por la viña y sobre todo, por los parajes colindantes, llenos de tomillo, romero, jara, etc., e incluso con algunos pinos cercanos. Nos recuerda a todos esos aromas principalmente, aunque también aparecen aromas especiados, tipo pimienta, y también una mezcla entre pimentón dulce y chocolate negro. Después de un rato en la copa aparecen aromas de tiramisú y frutos secos tostados. Es como un conjunto de aromas especiados y monte bajo que nos cautiva por las sensaciones que nos transmiten, alejándose de lo habitual y transportándonos al lugar de procedencia (el origen de la tierra), para después pasar a compuestos más dulces. En boca es redondo, untuoso y sobre todo muy largo. Nos permite disfrutar plenamente del vino porque podemos dar un largo trago y contagiarnos de todas las sensaciones que tenemos en nariz acompañadas de unas sensaciones táctiles que cautivan nuestro paladar.
Maridaje: se recomienda que el primer sorbo se tome sólo antes que cualquier otra cosa, porque nos va a transmitir todo su esplendor y sensaciones inolvidables. La Retorcida no precisa ser maridado o armonizado con alimento alguno, pero si queremos disfrutar plenamente de una gran cantidad de alimentos, estos sí serán perfectamente armonizados por La Retorcida. Algunas ideas para acompañar pueden ser cecina de buey, jamón ibérico o un queso de oveja o incluso de cabra. Podemos acompañarlo también de un buen cocido maragato, un marmitaco, una fabada o judías con liebre. Carne de caza como la perdiz, codorniz, el pichón, lomo de venado o corzo, y por su puesto con un chuletón.
Cada botella de Pincerna puede hablar del terruño, las raíces, el paso del tiempo, la pasión compartida por trabajar la tierra, las noches de cosecha, los períodos de calma cuando el vino reposa en barricas de roble...
Pero una vez abierta, una botella de Pincerna se enriquece con otras historias, las compartidas alrededor de las copas de aquellos que la disfrutan.
Los vinos de Pincerna están hechos para ser disfrutados con amigos, con familia, o con quien sepa apreciar buen vino y comida.
Compartir un Pincerna rosado o un joven Pincerna tinto es descubrir lo mejor de una uva única como la Prieto Picudo, y disfrutar de su frescura y aromas en buena compañía.
Abrir un Pincerna Albarín blanco es apreciar la rareza de una variedad tan única que solo se encuentra en algunos viñedos de León; y servirlo en una copa es despertar de inmediato los sentidos de alguien que sostiene una fruta que huele a flores.
Descorchar un Pincerna Sumiller es descubrir los secretos que guardan las vides centenarias que, junto con otras más jóvenes, dan vida a este vino y a otros por venir.
Y para saber más sobre Fáfila Pétriz y La Retorcida... por favor, ven y visítanos...