Viticultura y enología: el viñedo de donde procede este vino se sitúa en Gordoncillo, localidad bien conocida por su tradición en la viticultura. Los suelos son de composición franco-arcillosa en su mayoría con algo de arena y con gran cantidad de canto rodado. La altitud es de 740 metros, lo que confiere unas condiciones idóneas para la generación de los aromas.
El viñedo está formado en espaldera con una densidad de plantación de 2200 cepas por Ha. Se realiza una vendimia nocturna, para aprovechar el frío natural, llegando la uva a primeras horas de la mañana a bajas temperaturas.
A continuación, se procesa esta uva que se despalilla y se estruja, dirigiéndola a un sistema de prensado neumático muy suave. Este mosto se somete a un proceso de hiperoxidación, que consiste en provocar una oxidación agresiva para eliminar todos los compuestos fácilmente oxidables, de tal forma que después según se liberan los compuestos aromáticos durante la fermentación, no se encuentran con nada que pueda limitar su expresión. El mosto es sangrado por gravedad y se dirige a otro depósito para que decante durante 24 horas, siempre sin romper esta cadena de frío. Pasadas estas 24 horas nos quedamos sólo con el mosto limpio y es lo que fermenta en depósitos a temperatura controlada de 14ºC.
Una vez terminada la fermentación, se mantiene con sus lías durante dos meses, que se ponen en suspensión todos los días.
Nota de cata: color amarillo verdoso muy atractivo. En nariz, nos recuerda a una ensalada de frutas tropicales, cítricas y aromas de plantas aromáticas como albahaca, hierbabuena y menta. En boca parece que estemos comiendo una fruta por su textura, pero tenemos la sensación de que sabe a flores y plantas aromáticas. Desde el punto de vista táctil, es muy fresco, con una acidez que nos cautiva, por su equilibrio.
Maridaje: cuando pensamos en el momento del aperitivo antes de comer o antes de cenar, Pincerna Albarin sale sin pensar. Podemos decir que marida con el pensamiento porque nuestra mente ejecuta una orden; coge una copa coge un pincerna Albarin. Quizás, las ideas que más se adaptan son cualquier aperitivo, muchos tipos de tapas, ensaladas de todo tipo, cualquier arroz, quesos suaves y pescados de todo tipo. Es un vino muy vivo que se adapta muy bien a infinidad de platos.
Cada botella de Pincerna puede hablar del terruño, las raíces, el paso del tiempo, la pasión compartida por trabajar la tierra, las noches de cosecha, los períodos de calma cuando el vino reposa en barricas de roble...
Pero una vez abierta, una botella de Pincerna se enriquece con otras historias, las compartidas alrededor de las copas de aquellos que la disfrutan.
Los vinos de Pincerna están hechos para ser disfrutados con amigos, con familia, o con quien sepa apreciar buen vino y comida.
Compartir un Pincerna rosado o un joven Pincerna tinto es descubrir lo mejor de una uva única como la Prieto Picudo, y disfrutar de su frescura y aromas en buena compañía.
Abrir un Pincerna Albarín blanco es apreciar la rareza de una variedad tan única que solo se encuentra en algunos viñedos de León; y servirlo en una copa es despertar de inmediato los sentidos de alguien que sostiene una fruta que huele a flores.
Descorchar un Pincerna Sumiller es descubrir los secretos que guardan las vides centenarias que, junto con otras más jóvenes, dan vida a este vino y a otros por venir.
Y para saber más sobre Fáfila Pétriz y La Retorcida... por favor, ven y visítanos...