LA PRODUCCIÓN DE SAL CON SOL, VIENTO Y UNA ESMERADA LABORAL ARTESANAL DA COMO RESULTADO: PURA SAL MARINA NATURAL, 100% ECOLÓGICA.
La sal marina constituye uno de los elementos más constantes en la dieta doméstica desde los tiempos prehistóricos. Sus aplicaciones han sido múltiples, especialmente como condimento en la dieta, o bien para uso como conservante de productos perecederos, en especial la carne y el pescado.La forma natural en la extracción, cuyo único mecanismo de precipitación es la evaporación por efecto de la insolación, asegura la calidad de la sal Marina Teneguía pudiéndose considerar un producto 100 % ecológico.A diferencia de la salina extensiva de grandes cristalizadores, donde se recoge la sal una vez al año, en la salina de Fuencaliente de tajo pequeño se realizan entre 7 a 8 cosechas al año, mediante un laborioso trabajo, produciendo una sal de grano fino y de gran calidad que cumple con las características de producto biológico.
Desde 1967, al sur de la isla de La Palma (Reserva de la Biosfera), en un espacio donde el blanco y el negro se funden para dar vida, un lugar creado por la magia de la naturaleza y el esfuerzo de la labor humana, se ubican las Salinas de Fuencaliente.
El barro se funde con la piedra para sujetar las cristalinas aguas del océano Atlántico, desde donde surgen pequeñas pero densas gotas de sal. Así se conforman laberintos de piedra, donde se ubican pequeñas montañas de sal en sus pasillos entre los cristalizadores.
De abuelos a nietos se continúa con la labor artesanal de extracción de sal marina, manteniendo la original marca comercial Sal Marina TENEGUÍA, en homenaje a la última erupción acontecida en la Isla. El Volcán Teneguía salpicó esta historia con sus cenizas, dejando paralizada durante un año la construcción salinera, aunque sin destruir el viejo y ansiado sueño de su iniciador D. Fernando Hernández Rodríguez.
El complejo salinero constituye un punto de referencia dentro de las visitas naturales y paisajísticas de la Isla. La sal brilla durante el día, no sólo por el sol constante y el calor de la tierra joven, sino también después del ocaso, cuando despiertan los faros que iluminan el sur de La Palma.