Desde 1967, al sur de la isla de La Palma (Reserva de la Biosfera), en un espacio donde el blanco y el negro se funden para dar vida, un lugar creado por la magia de la naturaleza y el esfuerzo de la labor humana, se ubican las Salinas de Fuencaliente.
El barro se funde con la piedra para sujetar las cristalinas aguas del océano Atlántico, desde donde surgen pequeñas pero densas gotas de sal. Así se conforman laberintos de piedra, donde se ubican pequeñas montañas de sal en sus pasillos entre los cristalizadores.
De abuelos a nietos se continúa con la labor artesanal de extracción de sal marina, manteniendo la original marca comercial Sal Marina TENEGUÍA, en homenaje a la última erupción acontecida en la Isla. El Volcán Teneguía salpicó esta historia con sus cenizas, dejando paralizada durante un año la construcción salinera, aunque sin destruir el viejo y ansiado sueño de su iniciador D. Fernando Hernández Rodríguez.
El complejo salinero constituye un punto de referencia dentro de las visitas naturales y paisajísticas de la Isla. La sal brilla durante el día, no sólo por el sol constante y el calor de la tierra joven, sino también después del ocaso, cuando despiertan los faros que iluminan el sur de La Palma.