Este vino blanco, fruto de una cuidada elaboración con 11 meses de crianza en una única barrica de roble francés de 225 L, con batonnage periódico de sus lías, se presenta con un color amarillo pajizo pálido, limpio y brillante, acompañado de una lágrima fina y elegante en copa.
En nariz, deslumbra por su complejidad aromática y pureza. Su primer impacto evoca una marcada mineralidad y salinidad que anticipa su vibrante carácter. Al oxigenarse, despliega un abanico de matices florales (camomila, hinojo y flor de saúco), envueltos en frescas notas frutales de nectarina, manzana verde, grosella espinosa y cítricos como la naranja sanguina y la lima. La crianza en barrica está perfectamente integrada, aportando delicados recuerdos de vainilla y sutiles tostados, que suman profundidad sin enmascarar su identidad.
En boca, es un vino de gran finura y equilibrio, con una acidez vibrante que realza su frescura y alarga su persistencia. Su textura es untuosa y glicérica, con una sensación envolvente que deja paso a un final afilado, salino y elegante, reflejo nítido de su terruño. La armonía entre su tensión, estructura y profundidad augura un gran potencial de guarda, revelando con el tiempo nuevas capas de expresión.
Un blanco refinado y larguísimo, que combina precisión, elegancia y emoción en cada sorbo.
En Arribes del Duero se dan unas condiciones ecológicas especialmente favorables para el cultivo de la viña: suelos dotados de fertilidad y frescura, formados por granitos pizarrosos, un clima diversificado por efecto del relieve conformado en dos grandes unidades morfoestructurales, la penillanura y las laderas propiamente dichas del gran cañón diseccionado por el curso del río Duero y sus afluentes en el zócalo granítico.
Estas circunstancias históricamente se han aliado a un varietal dominante, conocido como Juan García, que además de vegetar perfectamente en las tierras más pobres de Arribes, proporcionaba al viticultor una cierta seguridad, por la estabilidad de sus producciones. La complementariedad varietal al mencionado y generoso vidueño está actualmente, al igual que siempre, conformada por una interesante diversidad de castas de uvas nobles y de calidad, formada tanto como variedades blancas como tintas: Malvasía, Verdejo, Verdejo Colorao, Puesta en Cruz, Rufete, Tinta Madrid (Tempranillo), Mandón, Garnacha, Tinta Jeromo, Bastardillo Chico, Bastardillo Serrano, Verdejo Negro o la reina de las negras, la Bruñal.