Original y genuino, demuestra que la potencia está en lo más concreto.
De cepas de tempranillo de 75 años - con una producción escasa, apenas 3.500 kilos por hectárea - surge este tesoro vitícola, estructurado y de una profunda madurez frutal. Es un vino que concentra la personalidad del lugar y confirma el carácter de Luberri: tradición y modernidad, viñedo y bodega.