El enólogo y bodeguero Fernando Chivite vuelve al mundo del vino con la intención de encumbrar a los vinos navarros. Baja Montaña Viñedos y Bodegas es su nuevo proyecto. Con casi 40 años de trayectoria profesional, Chivite vuelve con un nuevo proyecto, “Baja Montaña Viñedos y Bodegas”, cuyo accionariado comparte con dos socios locales.
La empresa se materializó con el lanzamiento de la primera añada de 2014, de dos vinos de edición limitada, 13.000 botellas de Arbayún Blanco Chardonnay y 26.000 de Arbayún Rosado Garnacha.
“Quería volver a una zona que conozco muy bien, y, por suerte o por desgracia, no hay muchas marcas en el mercado que hayan salido de ahí. Eso si, cuenta con muy buenos viticultores y productores.”
Entre las prioridades de Fernando, apuesta por “poner en valor” las garnachas para la elaboración de el rosado, gracias a los suelos y unas condiciones naturales privilegiadas, no suficientemente tenidas en cuenta hasta ahora. La elaboración de los vinos de Baja Montaña Bodegas y Viñedos se realiza en la Bodega de Liédena. La bodega y sus viñedos se sitúan a los pies de los Pirineos, en un enclave único situado entre la foz de Lumbier y la de Arbayún, una reserva natural en la que vive la mayor colonia de buitres leonados de Navarra, como así se refleja en la etiqueta de nuestros vinos.
Los vinos de Baja Montaña Viñedos y Bodegas, se elaboran en la Bodega de Liédena, que con una trayectoria de más de 80 años, la bodega reúne la experiencia y buen hacer de unos vitivinicultores que han sabido adaptar sus instalaciones a las nuevas tecnologías sin dejar el sistema de elaboración tradicional. El mejor activo de la Bodega de Liédena son sus viñas, cuyas cepas han crecido en la parte septentrional de la Denominación de Origen, con un clima ideal para la producción de uvas de calidad sin apenas tratamientos fitosanitarios.
La Baja Montaña navarra está situada a los pies de los Pirineos entre la Foz de Lumbier y la de Arbayún (la que da nombre al vino y la más extensa e impresionante de las gargantas navarras) y cuenta con una condiciones naturales espectaculares para elaborar blancos y rosados. Se trata de una zona alta de entre 450 y 600 metros de altitud, con un clima fresco y ventoso propio del prepirineo y sin riego, ya que tiene una pluviometría media de 700 mm al año, lo que supone todo un lujo en estos tiempos de cambio climático. Los viñedos se ubican en terrazas cuaternarias de suelos muy pedregosos, pobres, bien drenados, profundos y de baja fertilidad y rendimiento, características que permiten ciclos vegetativos muy largo con maduraciones lentas y sin sobresaltos que aportan calidad tanto a la planta como a unas uvas que son vendimiadas a mano y tratadas con mucho mimo durante todo el proceso.