Viaje Valle de Aosta

Entre los Gigantes

Déjanos tu valoración:

Autor: Alfredo G. Reyes
Autor Imágenes: Gettyimages, Enrico Romanzi, Stefano Torrione, Stefano Venturini, Charbonnier Mongolfiere
Fecha Publicación Revista: 01 de enero de 2019
Fecha Publicación Web: 05 de febrero de 2019

Polenta, lardo y fontina. Estos tres deliciosos productos constituyen el trío de oro sobre el que se asienta la gastronomía de Aosta, un pequeño valle alpino que no solo es la más pequeña de las regiones de Italia, sino que también tiene la consideración de autónoma. Tiene sentido esta situación política, porque a la sombra de ese gigante que es el Mont Blanc (o Monte Bianco) el valle desarrolló durante siglos una cultura diferente a la de otras zonas vecinas del país transalpino. Fundamentalmente, la lengua: de hecho aquí aún se habla francés, y francófonas son las denominaciones de la mayor parte de sus localidades, de sus calles y plazas.

Pero regresemos a la gastronomía: de los productos anteriormente mencionados, la polenta es, sin duda, la auténtica base de la cocina local, igual que ocurre en el resto de regiones alpinas italianas. Esta especie de papilla espesa realizada a base de harina integral del trigo, de maíz, de castaña o de centeno se elabora con paciencia al fuego, mejor si es de hoguera.

Desde el punto de vista nutricional, es el equivalente de nuestro pan o de la pasta. En la mesa es el mejor acompañamiento de todo tipo de “salumi” de cerdo (embutidos), entre los que destaca en esta región el lardo, que no es sino el tocino de este animal, curado al aire frío y seco de los Alpes mediante un sistema que no difiere demasiado del de nuestros jamones serranos.

La polenta también puede ser el mejor acompañante para una tabla con las distintas variedades de quesos que se elaboran en el valle, de los que la fontina, con denominación de origen, es la estrella: de pasta cremosa, sabor suave y matices que recuerdan a los prados con los que se alimentan las vacas con cuya leche se produce. Un sabor potenciado por los tres meses de media en que se curan las piezas de queso, muchas veces preservadas en cuevas naturales con una humedad y temperatura constantes.

La fuerza de la naturaleza

Todo ello podría acompañarse de una copa (o varias) de Torrette, también con denominación de origen, el vino tinto elaborado con uvas petit rouge, pinot noir y otras variedades autóctonas, que se produce en las zonas bajas del valle.

Este vino seco, de acusada personalidad, es ideal para tomar en cualquier época del año, no solo en invierno. Sus viñas las riega el río Dora Baltea y sus fiduciarios.

Este curso de turbulentas aguas presume (merecidamente) de su fuerza y, de hecho, es uno de los mejores lugares de Europa para practicar rafting. Obviando el esfuerzo que hay que realizar a bordo de las lanchas de goma y las grandes cantidades de adrenalina que se descargan sorteando los diferentes rápidos, lo cierto es que dejarse llevar por estas aguas supone adentrarse en un paisaje natural de esos que te quitan la respiración. Sobre todo si hay suerte y la excursión se realiza en uno de los no tan raros días en que el sol se refleja en las nieves perpetuas del Mont Blanc y permiten observar la montaña con toda nitidez.

Los más intrépidos y preparados físicamente se atreven a coronar su mítica cumbre tras una ardua travesía a pie y mediante grandes escaladas, no exentas de peligros, atravesando las grietas de hielo que se abren paso en su enorme glaciar. Pero también hay una alternativa para acercarse a este gigante de una forma segura y, desde luego, sin apenas esfuerzo: desde la localidad de Courmayeur, a través del complejo sistema de funiculares y teleféricos que llega hasta la Aiguille du Midi, ya en el lado francés, a nada menos que 3.777 metros de altura, donde existe un complejo de terrazas, refugio, bar, restaurante y hasta un mirador (el “paso al vacío”) completamente acristalado (suelo incluido), que permite disfrutar de un soberbio panorama de los Alpes italianos, franceses y suizos.

A lo largo del recorrido, en las dos estaciones de cambio de funicular (Pavillon du Mont-Fréty y Punta Helbronner), también hay amplios miradores, un museo de minerales, un jardín botánico con especies autóctonas y foráneas y la posibilidad (en verano) de catar vinos de alta montaña en la cueva del Mont Blanc, en el Pavillon.

Placeres termales y monumentales

De vuelta a Courmayeur, merece la pena relajarse de tan vertiginoso recorrido en las termas de Pré Saint-Didier. Pese a su aspecto, que recuerda al de los balnearios clásicos, lo cierto es que este centro de bienestar ofrece terapias innovadoras y, desde luego, muy relajantes: hidromasajes, pediluvios, flotación terapéutica, saunas, baños de vapor, tratamientos de belleza… Y, además, en invierno regala una de las estampas más impactantes de Aosta, gracias a sus piscinas termales exteriores, habitualmente rodeadas de nieve y siempre bajo la majestuosa presencia del Mont Blanc.

También está la alternativa de aprovechar el tiempo de una forma muy enriquecedora: visitando la capital del valle, Aosta. Ciudad milenaria, como demuestran los numerosos restos romanos dispersos a lo largo y ancho de la misma. De hecho, se la conoce como la Roma de los Alpes, por la calidad y cantidad de esos vestigios: desde el Criptopórtico, que rodeaba de forma subterránea el foro (la plaza que hoy ocupa en parte la Catedral) al Teatro Romano, el Arco de Augusto, símbolo de la ciudad, o la Puerta Pretoria, el más espectacular de los lienzos pétreos de la muralla que ha sobrevivido al paso de los siglos.

Pero el patrimonio monumental de la capi-tal valdostana va más allá de Roma. Y, de entre todas las construcciones, destaca la ya citada Catedral, comenzada en el siglo IV y rematada en el XVIII con una espectacular portada de estilo neoclásico.

Capítulo especial merece la iglesia de San Pedro y San Torso, que tiene uno de los dos únicos claustros italianos con capiteles decorados cada uno de ellos con figuras diferentes. El templo está realizado en travertino, la roca con la que se construyeron casi todos los monumentos de Aosta (y también otras muchas obras de arte en el resto del país).

Fortalezas míticas

A no muchos kilómetros al sur de la capital valdostana se sitúa uno de los monumentos más escenográficos de la región: el castillo de Fenis. Se trata de una de las cerca de cien fortificaciones que protegían a los señores del valle durante la Edad Media. Éste, en concreto, perteneció a la familia Challant, que permaneció siempre fiel a los Saboya, la dinastía que gobernó Aosta entre los siglos XII y XIX. La fortaleza, que fue reconstruida entre finales del siglo XIX y principios del XX, tiene forma de pentágono. Cada una de las aristas está rematada por una torre circular y en su interior con-serva parte de los coloristas frescos con que fue decorada en su origen.

No menos llamativo resulta el fuerte de Bard, al sur del valle, en un promontorio rocoso sobre el que se asienta un enorme sistema defensivo edificado durante del s. XIX. No es el más artístico de los monumentos del valle. Aun así, impresionan los enormes volúmenes. Y también es una buena forma de acercarse y conocer algo más sobre los valores naturales, etnográficos e históricos de la zona, pues aquí se encuentra el innovador Museo de los Alpes.

Queserías tradicionales

Esta gran cordillera, como ya dijimos, es el origen de algunos de los productos gastronómicos más suculentos de Europa, entre los que destacan sus quesos. De hecho, convendría no abandonar el Valle de Aosta sin haber visitado alguna de sus “caseifici” (queserías) tradicionales de alta montaña y las cuevas naturales donde se curan las enormes piezas de queso.

Probarlos in situ, contemplando el armónico contraste entre las cumbres nevadas y el fondo del valle, de un verde intenso y permanente, degustando alguno de los vinos locales y dejándose seducir por el sonido del viento en las copas de los enormes abetos, es un placer solo equiparable a la animada charla con alguna de las familias productoras. Y, desde luego, es un buen punto y final a la visita a una de las regiones más espectaculares de Italia.

Etiquetas: Italia,

Utilizamos cookies para ofrecer a nuestras visitas una experiencia transparente y cómoda a la hora de navegar por nuestra web. Al utilizar nuestra web aceptas el uso de cookies; puedes obtener más información sobre las cookies y su uso en nuestra web en la sección de Política de Cookies.

Aceptar