Viaje norte de Alemania

Entre dos mares

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Autor: Enrique Domínguez Uceta
Autor Imágenes: Enrique Domínguez Uceta
Fecha Publicación Revista: 01 de noviembre de 2018
Fecha Publicación Web: 16 de enero de 2019

El norte de Alemania despliega un paisaje formidable de bosques, playas y puertos. Las aguas del Mar del Norte y las del Báltico bañan la costa alemana a ambos lados de la península de Dinamarca, en un territorio llano y cubierto de verdor que dibuja largas playas y tranquilas ensenadas en la costa apropiadas para el turismo activo. La riqueza llegó al territorio a través del comercio naval en tiempos medievales, cuando sus puertos se convirtieron en los más poderosos de la Europa septentrional.

En su entorno crecieron ciudades de gran valor patrimonial, entre las que destacan la encantadora Lübeck, y la poderosa ciudad-estado de Hamburgo, dos hitos monumentales en las costas de Alemania, enlazados por el territorio de Schleswig-Holstein, la tierra alemana fronteriza con Dinamarca, atravesada por el Canal de Kiel que evita a los barcos rodear la península danesa para ir del Mar del Norte al Báltico.

Hamburgo, en el Mar del Norte

Puede sorprender que su gigantesco puerto, el segundo de Europa, se encuentre tierra adentro, a 110 kilómetros de la costa, en aguas del río Elba, pero gracias a él se convirtió en la segunda ciudad de Alemania. Tiene fama por su dinamismo empresarial y comercial, por su vida cultural, y por su animación nocturna. Es cierto que el famoso barrio rojo de St. Pauli y la calle Reeperbahn han perdido el poder de escandalizar que les dio fama mundial, pero todavía se recuerda que The Beatles actuaron en uno de sus antros cuando iniciaban su ascenso a la fama internacional. Aunque alguno de sus locales no ha perdido el toque canalla, ahora cuenta con bares muy recomendables, desde el Clouds-Heaven’s Bar en su alto mirador, hasta la animación de Clockers o los excelentes cocteles de Chug Club.

Hoy es la ciudad de moda en Europa gracias a la profunda reconversión que se lleva a cabo en el antiguo barrio portuario, HafenCity, donde reputados arquitectos modernos han creado un nuevo barrio residencial y comercial cuyo emblema es el edificio de la Elbphilharmonie (2017), de Herzog & de Meuron que ha logrado entrelazar las imágenes del mar y las nubes en las fachadas. Además de pasear por el centro, de entrar en el edificio del Ayuntamiento, asomarse a su Estación Central y a la orilla de sus lagos, hay que pasear el barrio Speicherstadt de los viejos almacenes portuarios, donde todavía tiene su sede la prestigiosa empresa elaboradora de té Hälssen & Lyon, que se instaló en 1879 en los edificios de ladrillo asomados a los canales del viejo puerto, ya en la lista del Patrimonio de la Humanidad.

Paseo por los muelles y el puerto

Es imprescindible acudir a los muelles del St. Pauli Landungsbrücken, y tomar un barco para navegar en el río Elba y asomarse al puerto moderno, donde los gigantescos cargueros mueven millones de contenedores cada año. Desde el agua se pueden ver también las playas a orillas del Elba, las residencias idílicas y los edificios modernos de oficinas en la orilla derecha, frente a los diques y astilleros flotantes, que forman la suma de industrias y empresas que sustentan la enorme riqueza de Hamburgo. Merece la pena subir a la alta plaza pública de la Elbphilharmonie, a 37 metros de altura, para contemplar la ciudad y el puerto a vista de pájaro, y luego seguir la ascensión hasta el sinuoso auditorio de la Grosser Saal y disfrutar de la pasión alemana por la música escuchando a la orquesta filarmónica local.

El renacido barrio del puerto cuenta con nuevos hoteles y con restaurantes de alta calidad que han cambiado por completo la percepción de Hamburgo, convertida en una de las capitales gastronómicas del país en locales como Vlet an der Alster, dedicado a la mejor cocina de pescado, a orillas del rio Alster, frente al Ayuntamiento. En Carls brasserie ofrecen mariscos y pescados con acento francés frente a la Elbphilharmonie. Sin salir de HafenCity, en el moderno Heimat kitchen+bar realizan exquisitas y frescas preparaciones con ingredientes regionales, en línea con la reciente eclosión gastronómica alemana.

Aunque el mejor momento llega en primavera con la Spargelzeit, la temporada de los espárragos blancos frescos, con los que elaboran menús en todos los grandes restaurantes. Las sopas y cremas de esta verdura preceden a los espárragos frescos con salsa holandesa o con mantequilla derretida y patatas nuevas, servidos con salmón, chuleta de ternera o jamón cocido. Acompañados por un vino de uva silvaner o pinot gris, son una delicia de temporada, desde abril a junio.

Lübeck, puerto en el Báltico

Menos de 74 kilómetros separan el extraordinario puerto moderno de Hamburgo, en el Mar del Norte, del más bello de los puertos alemanes en el Báltico, el de Lübeck, reco-rriendo un territorio intermedio lleno de interés. Los alrededores de Plön se conocen como la Suiza de Holstein, con doscientos lagos famosos por la presencia de águilas pescadoras. En la bella Plön se puede alquilar una bicicleta y pasear al borde del lago, entre bosques y orillas idílicas en las que nadan los cisnes, hasta Bosau, regresando hasta el muelle del puerto de placer de Plön.

Si alguien cree que Alemania no tiene buenas playas, puede salir de su error llegando hasta Heiligenhafen, una punta que separa las bahías de Lübeck y de Hohwatch, donde largos arenales esconden un hermoso pueblo, un delicioso puerto deportivo, y un nuevo resort que permite sumergirse en la estupenda gastronomía y utilizar las buenas instalaciones a lo largo de las extensas playas bálticas, donde conviven las aves marinas y las Strandkorb, las tumbonas-caseta que permiten tomar el sol incluso en los días fríos y ventosos.

La isla del sol

Por un largo puente se puede cruzar hasta Fehmarn, la isla alemana del sol en el Báltico. Sólo 185 km2 rodeados de costa acantilada, un territorio de gran belleza natural, atravesado por vías ciclistas que discurren sobre un territorio llano, agrícola, que se cubre de flores amarillas de colza en primavera. Entre los placeres de la isla se encuentra la visita al santuario de aves marinas de Wallnau, la subida al faro de Flügge, el paseo por la ciudad de Burg, el descanso en alguna de las granjas-café, y la animación de una isla hecha para disfrutar de la playa, del kitesurf y de la diversión durante el verano.

La bella Lübeck es el colofón para un viaje por las costas de Alemania. La ciudad fue uno de los puertos medievales más importantes del Báltico, y sede de la Hansa, que agrupaba a los grandes puertos comerciales del norte. Es insólito que haya conservado casi intacto su maravilloso patrimonio y su aspecto medieval, renacentista y barroco. Es el escenario real de la novela Los Buddenbrook que escribiera Thomas Mann, nacido en Lübeck. El casco antiguo permanece como una reliquia de otro tiempo, rodeada por los ríos Trave y Wakenitzl, con su puerto fluvial cercano a la costa báltica, y las casas burguesas asomadas a los muelles. En su casco histórico, –Patrimonio de la Humanidad–, se mezclan las mansiones de los comerciantes y los templos góticos.

Un paseo por la historia

El tiempo se pasa caminando por callejas, visitando la plaza del Mercado, el viejo Ayuntamiento, los templos y los antiguos locales que sirven la contundente gastronomía alemana. Indispensable conocer el restaurante Schiffergesellschaft, con sus viejas vidrieras y las maquetas de barcos colgadas del techo, donde sirven las espe-cialidades de Holstein, matjes de pescado marinado, arenques en escabeche, y el pato relleno asado con salsa, lombarda y croquetas de patata. Ya no acuden los armadores y cónsules que fletaban los barcos que llegaban hasta la Rusia profunda para comprar y distribuir en Europa trigo, pieles, madera y los productos que llegaban por la Ruta de la Seda hasta Nóvgorod, pero la ciudad conserva almacenes de vino como el de H. F. von Melle, que importaban, embotellaban y volvían a distribuir.

Un formidable museo de la Hansa da a conocer la historia de la navegación y el comercio que hizo ricos a los puertos del Báltico y del Mar del Norte. Otra visita recomendable es el restaurante Ratskeller zu Lübeck, cerca del mítico Niederegger Café, con sus deliciosos mazapanes, una de las señas de identidad locales. Un cappucino y tarta de mazapán en el Marzipansalon del Niederegger es un ritual recomendable. Para probar gastronomía local moderna, el Nord del Hansemuseum es una buena opción a mediodía; en Miera, con ambiente bohemio, tienen oferta de pescados, carnes y una magnífica bodega.

Si Lübeck era la ciudad del comercio, Travemünde representaba su espacio de ocio. Hoy es el complemento perfecto de Lübeck junto al mar, un escenario fascinante que muestra la manera en que el país se entrega al Báltico.

Etiquetas: Alemania,

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