Viaje Andorra

El Petit Principado

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Autor: Alfredo García Reyes
Autor Imágenes: A. García Reyes, Turismo de Andorra
Fecha Publicación Revista: 18 de enero de 2017
Fecha Publicación Web: 19 de enero de 2018
Revista nº 478

Andorra es el país del mundo con más kilómetros “blancos” concentrados por habitante. En concreto, 200 kilómetros de pistas para practicar deportes de invierno, repartidos entre sus dos dominios (Vallnord y Grandvalira), para unos 80.000 habitantes. Las reducidas dimensiones del país facilitan, además, que el acceso a las estaciones de esquí se realice en muy pocos minutos desde cualquiera de sus localidades.

Pero a la nieve no se viene solo a practicar esquí, snowboard o trineo. También a disfrutar de muchos otros placeres, entre ellos, el de la gastronomía. Siguiendo la tendencia que impera en los mejores dominios esquiables del planeta, cada vez son menos los deportistas que se deciden a comer un bocadillo y una bebida caliente entre remonte y remonte o al llegar la noche.

Cocina a pie de pista

En Andorra lo que se lleva ahora es disfrutar de una buena cocina lo más cerca posible de las pistas. Parte de culpa es de un cocinero catalán, Nandu Jubany con su restaurante Origen, (hotel Hermitage & Spa), en plena estación de Grandvalira, Soldeu. Hasta allí ha llevado Jubany su saber hacer, reconocido con una estrella Michelin en su Can Jubany de Calldetenes (Barcelona).

También en las alturas practica una cocina tradicional y rigurosa en los sabores, actual en las técnicas culinarias y vanguardista en la presentación. Oficia también en el Hermitage el chef japonés Hideki Matsuhisa del barcelonés Koy Shunka (1* Michelin), cuya propuesta es una magistral combinación de las técnicas culinarias japonesas adaptadas a los productos de proximidad.

Oferta termal

En cuanto al hotel y resort Hermitage es una de las mejores opciones para aquellos que quieren alojarse a lo grande y salir ya con los esquís puestos. Decorado como un chalé de montaña, en su interiorismo prevalecen la madera y los tonos y materiales cálidos.

Cuenta, además, con uno de los mejores spas de hotel de la Península: (más de 5.000 m² distribuidos en cinco plantas temáticas, con instalaciones como sus dos bañeras de hidroterapia exteriores con vistas a las espectaculares montañas que lo rodean).

Aunque si hablamos de termalismo, sin duda la gran estrella del país es Caldea en Escaldes–Engordany, municipio contiguo a Andorra La Vella– uno de los mayores y más completos centros termolúdicos de Europa que ahora, además, cuenta con un espacio más reservado, Inúu, con todo tipo de tratamientos enfocados al bienestar, a la relajación y la belleza, incluyendo cabinas para terapias individuales o en pareja.

El paraíso de las compras

Seguramente muchos lo desconozcan, pero una parte importante de la prosperidad de este pequeño país deriva del hecho de que, en la España autárquica de la posguerra, muchos españoles cruzaban la frontera para proveerse en Andorra de productos internacionales que, por el aislamiento del país, era imposible que llegaran hasta nuestros colmados.

Heredera de aquel espíritu comercial, sorprende muy gratamente la tienda de delicatesen Cal Marquet. Sus estantes están repletos de delicias procedentes de todo el planeta: quesos, patés, caviar, foie-gras, conservas, salazones... y etiquetas de licores, vinos o champagnes casi imposibles de encontrar en otros lugares. La parte superior de la tienda es ahora un bonito restaurante donde se sirve una cocina que se provee de parte de los buenos productos de la planta inferior.

No muy lejos de Cal Marquet, en plena Avenida Carlemany, está el centro comercial Júlia, hoy epicentro del emporio fundado por Júlia Bonet y luego continuado por su familia, que prosperaron (y aún prosperan) gracias al comercio de productos cosméticos. Júlia, una apasionada de la perfumística, fue recopilando piezas relacionadas con este arte por todo el mundo. Fruto de ese afán es el Museo del Perfume, un lugar tranquilo, delicioso, lleno de sorpresas, como los frascos diseñados por algunos de los más grandes artistas del siglo XX –Lalique o Dalí–, y envases de perfume procedentes del Antiguo Egipto, Mesopotamia o Roma.

La vecina capital también muestra una innegable vocación comercial. Allí reinan, en la avenida principal, los grandes almacenes Pyrénées, con una interesante sección gastronómica. Y, además, sin tener que callejear demasiado, se pueden visitar lugares tan encantadores como La Botiga del Té, con una decoración muy cálida y original, es un lugar ideal para degustar sus más de 140 variedades de té, que también se pueden comprar al peso.

Viñedos en terrazas

A pocos pasos de allí está uno de los restaurantes más interesantes del pequeño país pirenaico, por decoración pero, sobre todo, por sus propuestas culinarias. Se trata de Bodega Poblet, dividido en dos niveles, con una carta que cambia en función del mercado y con sabores que fusionan diversas cocinas del mundo.

Con ese nombre, además, tenía que tener una importante carta de vinos, con numerosas referencias de nuestro país, pero también de otros lugares del planeta, incluida la propia Andorra.

Porque sí, en este país de montaña también se produce vino. La culpa la tiene, en parte, el cambio climático, que ha favorecido que en la comarca más baja del país, en torno a Sant Julià de Lòria, hayan empezado a surgir viñedos y bodegas asociadas a ellos, claro. Se producen blancos, tintos y algún que otro dulce, a unos precios que pueden parecer excesivos, pero que tienen todo su sentido teniendo en cuenta las difíciles condiciones de cultivo y una calidad que evoluciona en cada cosecha.

Un buen ejemplo es Borda Sabaté, una bodega que bien merece una visita, no solo por sus bien montadas instalaciones o la cata en sí, sino porque desde sus viñedos aterrazados se divisa una impactante panorámica del Valle del Gran Valira, el río que riega la zona sur del país, nutrido por los numerosos cursos de agua que nacen en las montañas andorranas.

Un deporte relajado

Montañas y ríos conforman aquí un binomio de gran belleza. Sobre todo en lugares como el Valle del Madriu–Perafita–Claror, que forma parte de la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco por sus valores paisajísticos y etnográficos, gracias a sus escarpadas laderas, bosques, praderas y glaciares y a la interrelación que, desde tiempos remotos, ha tenido el hombre con ellos. No menos impactante es el Parque Natural del Sorteny, en la zona alta del país.

En sus bosques, laderas y escarpes conviven más de 800 especies botánicas, de las cuales 50 son endémicas de los Pirineos. Por ambos lugares merece mucho la pena realizar alguna ruta senderista, sin prisas, bien equipados con ropa y calzado de montaña y con los sentidos bien despiertos, para descubrir sus riquezas naturales, acrecentadas en cuanto empieza a despertar la primavera.

Más sencillo resulta el paseo por la llamada Ruta del Ferro (o del Hierro), en Ordino. Aprovechando una antigua explotación de este mineral la Mina de Llorts, junto al cauce del Valira Oriental, se trata de un recorrido fácil y agradable, amenizado con las esculturas de un curioso museo al aire libre. Al finalizarlo, merece la pena la visita a la Farga Rosell–Centro de Interpretación del Hierro, para conocer cómo, desde tiempos inmemoriales se ha extraído el mineral del interior de la tierra, la evolución de las técnicas de forjado y los diferentes usos de este metal.

La ruta de las bordas

Otra recomendable ruta por tierras andorranas es en busca de las bordas, antiguas casas de campo dispersas por los alrededores de los pueblos donde se almacenaban los aperos de labranza o se recogía el ganado; muchas de ellas reconvertidas hoy en viviendas, museos como Casa Cristo, en Encamp (muy recomendable para descubrir las formas de vida tradicionales en la Andorra rural) y, sobre todo, en restaurantes de cocina local. Un buen ejemplo es la Borda Estevet, situado junto a la carretera principal que articula el Principado, en Andorra La Vella. Aquí se viene a degustar los sabores más auténticos del país pirenaico, una cocina de montaña, cárnica y contundente, regada por vinos, fundamentalmente españoles, en un ambiente cálido y acogedor, pese a las dimensiones del local.

El románico primitivo

No se puede abandonar Andorra sin hacer referencia al románico, el estilo artístico más destacado del Principado, un legado que se ha conservado prácticamente intacto; para preservar los frescos que adornaban las paredes de las ermitas éstos se trasladaron al Museu Nacional d’Art de Catalunya de Barcelona, donde pueden contemplarse. Para conocer más a fondo ese legado arquitectónico puede visitarse el Centro de Interpretación Andorra Románica, en La Massana (Pal), con maquetas de todas las iglesias del país y parte de los elementos decorativos y litúrgicos que contenían.

Aunque, sin duda, lo mejor es visitar los templos como tal, entre los que destacan por su factura y escenografía los de Canillo, Sant Climent de Pal, Sant Martí de la Cortinada (Ordino), Sant Miquel d’Engolasters (Escaldes–Engordany), Sant Romà de les Bons (Encamp), Sant Serní de Nàgol (Sant Juliá de Lòria) o Sant Joan de Caselles. No menos interesantes resultan los cuatro puentes, también románicos, que aún se conservan, como el de Ordino o el de La Margineda, en la capital. Sin duda, la visita a los mismos es un buen punto final al recorrido por este pequeño país, en invierno lleno de propuestas a cada cual más placentera. Como ocurre en cualquier otra época del año.

Guía práctica

Dónde comer

Origen — Soldeu (Canillo)

El cocinero Nandu Jubany es el responsable del que, probablemente, sea el mejor restaurante de Andorra. Destacan los canelones de pollo de corral asados y el cochinillo con frutas de temporada. Los postres son antológicos.

Precio medio: 65 €

Bodega Poblet — Andorra la Vella

Un restaurante y bar de pinchos familiar con una cocina que sorprende por la innovación, la fusión de sabores del mundo, la original presentación de los platos, la calidad del producto y un ambiente muy acogedor. Muy destacable la tempura de bacalao y la selección de aperitivos.

Precio medio: 25–30 €

Borda Estevet — Andorra la Vella

Todo un referente en cuanto a cocina de montaña en Andorra. La estrella de la carta son las carnes, preparadas a la brasa., las setas en temporada, los trinxats y los platos de bacalao.

Precio medio: 35 €

Cal Marquet — Escaldes- Engordany

Más conocido como una de las principales tiendas gourmet del país, su nuevo restaurante, situado en la primera planta, no defrauda. Imperan platos clásicos de la cocina internacional (como el tartar o el tataki de atún), pero también sabores muy autóctonos (como los quesos de montaña), bajo el parámetro del producto de calidad.

Precio medio: 40–45 €

Dónde dormir

Sport Hotel Hermitage & Spa — Soldeu (Canillo)

Un 5 estrellas a 1.850 metros de altitud, en un lugar ideal para la práctica de deportes de invierno. Todo es acogedor en este alojamiento de 120 habitaciones, decorado con maderas, al estilo de los chalés de montaña y las prestaciones que se esperan de un hotel de gran lujo. Muy destacable el spa y sus seis restaurantes, incluyendo Origen.

HD: desde 550 €

Hotel Plaza Andorra — Andorra la Vella

Es uno de los hoteles urbanos más lujosos y un clásico en la hostelería de Andorra, con 90 habitaciones. Además, está perfectamente situado, en el centro de la capital. Ideal para ir de compras y disfrutar de los pequeños restaurantes y cafés que se encuentran en ella. Cuenta también con spa y restaurante.

HD: desde 90 €

Hotel Hesperia Andorra la Vella — Andorra la Vella 

En total 60 habitaciones, con las comodidades, los servicios y decoración habituales en la mayor parte de los hoteles de la cadena. Muy céntrico y con aparcamiento, algo muy importante en una ciudad donde no se puede aparcar de forma libre.

HD: desde 65 €

Más información

Turismo de Andorra

Tel. (gratuito) 900 83 48 04

 

Etiquetas: viajes, Viaje Andorra, andorra, El Petit Principado, gastronomia,

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