Ritz Paris

Subasta primaveral

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Autor: Óscar Caballero
Fecha Publicación Revista: 01 de abril de 2018
Fecha Publicación Web: 12 de junio de 2018

La moda es efímera. Y está de moda lo efí­mero. En abril París tendrá falso/auténtico hotel Ritz en el palacete de Marcel Dassault del Rond-Point de los Champs Elysées, que desde 2002 aloja la casa de subastas Artcurial. Integra el podio, con Christie’s y Sotheby’s. Pero se desmarca en liquidación de memoria hotelera. Bajo el martillo de sus expertos partieron muebles y objetos del Luis XV de Montecarlo, del Crillon y el Plaza Athénée de París.

En los tres casos, estimaciones por lo me­nos triplicadas. Razón suficiente para que fueran elegidos por Mohamed Al-Fayed, propietario del Ritz desde 1979, para subas­tar 120 años de historia, traducidos en tres mil quinientos lotes y 10.000 objetos. La estimación global es dos millones. Aunque probablemente serán incluso seis, según los conocedores.

Artcurial no se contenta con exponer las piezas: un decorador transformará en falso Ritz sus 3.000 m2. Y reconstruirá las habita­ciones, los cuartos de baño y el legendario bar. Antes o después, el interesado podrá reponerse de la emoción de la subasta con una copa en el Ritz verdadero, que tras cua­tro años de cierre y 400 millones de euros, reabrió sus puertas en 2016.

En un hangar de 2.000 m2, cerca de París, en 124 contenedores, la nueva decoración relegó esas diez mil piezas a subastar. La clasificación llevó un año entero a quince expertos. Y dará espeso catálogo.

Historia del glamour

César Ritz compró en 1896 el palacete construido en 1688 por Mansart, arquitecto de Luis XIV, para crear “el más hermoso hotel del mundo”. El restaurante para su cómplice, Auguste Escoffier, inventor de la brigada de cocina. Inauguraron el 1 de junio de 1898 con “el refinamiento del que un príncipe dispone en su propia mansión”. De hecho, fue el primer hotel de Europa con ascensor. Y electricidad y baño completo en todas las habitaciones.

De allí proviene la bañera de origen, estima­da entre 800 y 1.200 €. Los juncos deco­rativos (2.000/3.600 €) son los de la suite de Gabrielle –Coco– Chanel, conservada tal cual durante los cinco años en que faltó, exilada para evitar ir a la cárcel por “cola­boración horizontal”. Así eran calificadas quienes habían tenido amores con oficiales alemanes bajo la Ocupación.

Este corresponsal pujaría, si lo hiciera, por los tres taburetes del Ritz Bar, a partir de 1.000/1.500 €. Para conversar con los fantasmas de “Scocht” Fitzgerald y Ernest Hemingway.

O por el presentador de mariscos (o el de copas, ambos a partir de 800/1.200 €), únicos desechos de tienta del restaurante.

Pero hay para todos los gustos, incluido un sofá Proust (1.000/1.500 €). El autor de A la busca del tiempo perdido, lo perdió en aquellos salones. Compensación: halló rasgos de muchos de sus personajes.

Otras butacas y sillones albergaron las po­saderas del duque y la duquesa de Windsor, de Audrey Hepburn, Gary Cooper, Charles Chaplin. O de Gene Kelly: el hotel albergó tomas de Un americano en París.

En la mesa situada en la suite imperial (1.000/1.200 €) ¿apuraron la que sería úl­tima cena Lady Di y Dodi, el hijo del patrón, antes de partir a la muerte por la puerta que da a la rue Cambon?

Ecos de actualidad

Por ahí entraron el 11 de enero pasado los tres atracadores que en un plis plas carga­ron 40 M/€ en joyas, tras romper de rudos hachazos algunas de las 32 vitrinas de joyeros que abrillantan el pasillo que une el ala Place Vendôme y el de la rue Cambon. Ignoraban que un cierre automático les clausuraría esa puerta. Y los llevaría a la cárcel. El hotel recuperó las joyas. Y el ala Cambón la tranquilidad.

A falta de convertirse en suegro de Lady Di, Mohamed Al-Fayed podrá jactarse de ha­ber salvado un monumento de 26.000 m2. Habituales como Plácido Domingo o Woody Allen reconocerán los grifos con forma de cisne. Y en cualquiera de las 142 habitacio­nes, la doble a partir de 1.000 €, hallarán, gracias al interiorista Thierry W. Despont, autor de las casas de Bill Gates o Calvin Klein, pantallas escondidas tras espejos. Entre las 71 suites destaca la Impériale: 27.000 €.

En el centro del Spa Chanel, la piscina de 16 x 9 m –donde se ahogó, infartada, la emba­jadora de los Estados Unidos–, joya del Ritz Club, memorice esta enseñanza de Coco Chanel: “los tratamientos de belleza deben comenzar por el cuerpo y por el alma; si no, de nada sirven los cosméticos”.

En superficie, el Hemingway del gran Colin Peter Field. Y en el vecino Ritz Bar, los cóc­teles son de Aurelie Pézet (ex Bristol).

Sugerencias para principiantes

¿Primera visita? Pida el Menu signature, el de la firma: 345 €. Cigala con pomelo, caramelo de ajo, caviar limón, crema pi­mentada, nage de coco lima, según presen­taciones: cruda o asada. Como segundo, lenguado con jugo de hinojos y de mariscos. De carne, lechal con pimientos morrones, berenjenas y crema de garbanzos. Quesos, afinados por Bernard Mure-Ravaud y Pie­rre Gay. Y los muy modernos postres de François Perret.

Por 195 € un interesante menú descubri­miento, más corto pero no menos traba­jado. A mediodía, el menú jardín permite escoger de dos a cuatro platos: 95/148 €.

Última variante. Desayuno americano y/o japonés, en entorno de lujo, por 66 €. Con alternativa rabelesiana: desayuno presti­gio, a 120 €. Añadidos como el huevo con bogavante, la paleta ibérica, el jamón de Parma (¿sabía que los embutidos italianos no tratan con nitratos?), salmón ahumado. Y los quesos del Espadon.

La copa de antes o después, en el Bar He­mingway, liberado en 1944 por el bocazas que le da nombre: hizo detener el jeep en la puerta y entró metralleta en mano, cuando ya habían partido los alemanes.

Field, el barman desde hace treinta años, campeón de cócteles cuando nadie hablaba de mixología, es un pozo de anécdotas.

Etiquetas: Francia, historia, hotel, Paris, Ritz, subasta, ,

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