Kenia

Corazón de África

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Autor: Enrique Domínguez Uceda
Autor Imágenes: Enrique Domínguez Uceda
Fecha Publicación Revista: 03 de abril de 2012
Fecha Publicación Web: 22 de abril de 2016
Revista nº 432

No hay nada en el mundo comparable a Kenia. Desde el Lago Victoria a la costa del Índico, el país atesora maravillas naturales, se hunde en la Gran Falla del Rift cuajada de lagos, volcanes y vida salvaje, y se eleva hasta la altura del monte Kenia (5.199 m). Se extiende en desiertos por el norte y en sabanas por el sur, donde el ondulado territorio de Masai Mara se prolonga hasta la base del mítico Kilimanjaro (5.895 metros), a cuyos pies se extiende el Parque Nacional de Amboseli, habitado por manadas de elefantes. La costa del Índico acoge la cultura swahili, surgida por la presencia de los navegantes árabes en el litoral del este de África, y atesora ciudades cargadas de historia en Lamu y Mombasa, grandes playas de arenas blancas y reservas marinas de gran valor.

Pero lo que hace excepcional a Kenia son los safaris que ofrece en los Parques Nacionales del interior, y los magníficos hoteles que permiten disfrutarlos en el corazón de una naturaleza indómita. Desde que se prohibió la caza en 1977, todos los safaris en Kenia son fotográficos. La política de protección de la fauna en los mismos escenarios en que ha vivido durante millones de años ha sido un éxito, y el espectáculo de la vida salvaje desborda los límites de las reservas para formar parte de la experiencia cotidiana en cualquier parte del país.

Comienzo de la ruta

El viaje a través de los Parques Nacionales keniatas comienza en la capital, Nairobi, una metrópoli fundada por los británicos en 1899 y que supera los 3 millones de habitantes.

A 1.661 metros de altura se mantiene fresca, pese a su proximidad a la línea ecuatorial. Hay visitas recomendables aquí. El Museo Nacional guarda restos de homínidos que vivieron hace millones de años, y en el mítico hotel Norfolk se han alojado científicos, escritores, y actores de Hollywood que rodaron en el país películas como Las Minas del rey Salomón, Mogambo, Las Nieves del Kilimanjaro o Memorias de África.

Nairobi acoge un restaurante de fama mundial, el Carnivore, en el que se sirven carnes de animales salvajes que se pueden ver en los safaris. Las parrillas preparan a la vista del público carne de cocodrilo, gacela, camello y otras especies centroafricanas, ensartadas en largas espadas masai. El local asegura que todo lo que se cocina se compra de manera controlada, sin riesgo para las especies.

Salvados los escrúpulos legales y morales, el resto es una insólita experiencia gustativa. El chef vigila el punto de las carnes y envía a los camareros con largas brochetas recién sacadas del fuego, que cortan la carne directamente sobre el plato del cliente, que puede comer en cantidad ilimitada. Logradas salsas, ensaladas y samosas completan una oferta muy dirigida al turismo. Otras opciones más sólidas y convencionales se encuentran en el restaurante del hotel Norfolk, en las mesas del Talisman, o en restaurantes de pescado y marisco, Tamarind Nairobi o Seven Seafood & Grill, que ofrecen los mejores productos de la costa. La casa de Karen Blixen, autora de Memorias de África, es una visita muy recomendable cerca de la ciudad, en las colinas de Ngong donde tuvo su granja.

Oasis, elefantes y cocodrilos

Viajando hacia el norte, se pasa al pie del Monte Kenia y, en cinco horas, se llega a la Reserva Nacional de Samburu, donde el cauce del río Ewaso Ngyro forma un corredor lleno de vida en pleno desierto. En las tierras resecas, los pastores de la etnia samburu compiten con las fieras por los pastos y bebederos que necesitan sus cebúes.

Atléticos y orgullosos, mantienen sus tradiciones junto al cauce del río, casi seco durante buena parte del año. La reserva forma un oasis lineal con una alta densidad de fauna. Abundan los babuinos, jirafas reticuladas, cebras, elefantes, leones, los cocodrilos, y no es difícil encontrar al leopardo, el más esquivo de los felinos africanos.

El safari exige adaptarse al horario de los animales. Es un placer madrugar y tomar un café rápido para salir en todoterreno al amanecer, cuando los animales se muestran más activos. Más tarde se regresa al campamento para tomar un desayuno suculento, descansar, disfrutar del alojamiento, degustar comidas exquisitas durante la hora de más calor, y salir de nuevo para el safari de la tarde, cuando bajan las temperaturas y la sabana vuelve a la vida. Las cenas a la luz de las fogatas terminan en Samburu durmiendo en una lujosa tienda de lona junto a la orilla del río, en el campamento Larsens Tented Camp, escuchando el rugido de los leones en la oscuridad.

Más de dos horas de carretera separan Samburu del Parque Nacional Aberdare, en las estribaciones del Monte Kenia, cubiertas por los cultivos de los laboriosos kikuyu, buenos agricultores y comerciantes, que se han convertido en la etnia dominante en el país. El camino atraviesa la línea del Ecuador junto al mítico Mount Kenya Safari Club -otrora propiedad del actor americano William Holden- y se interna en la cordillera de los Aberdares, cubierta por frescas selvas húmedas, llenas de fauna salvaje.

El Parque Nacional Aberdare guarda el salto de agua de Gura, con una cascada de 300 metros de altura, y posee dos hoteles únicos, Treetops y The Ark, situados junto a bebederos a los que acuden carnívoros y presas, felinos, jabalíes, gacelas, elefantes, búfalos y rinocerontes. Observar su cautelosa presencia durante la noche es una de las mejores experiencias de iniciación en los safaris.

Al oeste de Aberdares espera el Gran Valle del Rift, la profunda cicatriz de más de 50 km de anchura que cruza el país de norte a sur salpicada por conos volcánicos. Surgió hace 30 millones de años al separarse dos placas tectónicas, que algún día dejarán África dividida en dos continentes. La gran falla forma un canal gigantesco que acumula el agua de lluvia en superficies lacustres que acogen en masa flamencos y otras aves migratorias.

De caza fotográfica

El Parque Nacional Lago Nakuru, en el Rift, ha sido definido como el mayor espectáculo natural de aves en el planeta. Se han contado dos millones de flamencos en sus aguas y se han observado hasta 450 especies diferentes en su entorno.

En el bosque de acacias espinosas que rodea el lago habita la valiosa jirafa de Rothschild, el rinoceronte negro, el jabalí verrugoso, los antílopes acuáticos, y todo tipo de gacelas, aves y reptiles.

El Gran Valle del Rift se recorre hacia el sur en un viaje hacia Masai-Mara por una carretera hermosa y deteriorada. El valle se abre cuando entra en territorio de la etnia masai, pastores y ganaderos de cebúes, fieramente independientes y defensores de la tradición, reacios a la disolución de su cultura. Acostumbrados a moverse en las anchas llanuras con libertad, se resisten a la sedentarización que imponen las fronteras.

Masai-Mara es el nombre de la reserva más famosa de Kenia, imprescindible en cualquier viaje a la naturaleza del país, donde se encuentra el safari soñado en las grandes sabanas entre formidables cantidades de animales. A la calidad de sus safaris se une la de sus suntuosos alojamientos de legendaria calidad en el servicio y la gastronomía, con una completa integración de la arquitectura hotelera en el paisaje. Vehículos abiertos siguen a las leonas en sus cacerías, y los rastreadores encuentran leopardos leyendo las huellas que cruzan las pistas.

Es el mejor lugar para ver los big five, león, elefante, búfalo, rinoceronte y leopardo, que perseguían los cazadores blancos. Hoy sólo está permitida la caza fotográfica, ideal para un paisaje grandioso en el que se incluye la visita del río Mara, donde los gigantescos cocodrilos cazan a los ñus cuando cruzan la corriente durante las migraciones.

Los hoteles de los Parques Nacionales, y en especial los de Masai Mara, son instituciones en el mundo de la hostelería. Edificios de escasa altura, con materiales naturales, integrados en la vegetación y en el corazón del parque. La alternativa son los exclusivos campamentos de tiendas de lujo, Mara Porini Camp o el Fairmont Mara Safari Club, situado frente a una balsa de hipopótamos en el río Mara. Su nivel de confort es descomunal si se considera su modesta condición material.

Aún más asombrosa es la calidad de sus cocineros que logran la excelencia con medios reducidos, y aprovechan la diversidad de la gastronomía keniata, con influencias británicas, árabes y de la comunidad india, para aplicarla al gusto internacional.

Conviene dejar el Parque Nacional Amboseli para el final del viaje por el romanticismo de sus paisajes. Es difícil escapar al encanto de las manadas de elefantes que viven en los humedales al pie del Kilimanjaro, que preside las panorámicas de Amboseli. Acompañar a los elefantes en sus baños cotidianos desde Observation Hill y asistir a las puestas de sol que iluminan la gran montaña, puede ser un final inolvidable para un viaje que enlaza Parques Nacionales de desierto, montaña, lagos, sabanas y bosques de la inabarcable Kenia.

Nada más agradable que completar el viaje con unos días de descanso en la costa del Índico, visitando la hermosa ciudad portuaria de Mombasa. Allí abunda el mejor marisco y una enorme variedad de pescados. El restaurante más famoso en Mombasa es Tamarind Dhow, y sus salas son dos barcos antiguos de madera que navegan en las aguas que separan la isla del continente ofreciendo los mejores productos del mar con elementos de la cocina swahili.

El último capricho es el viaje al archipiélago de Lamu, uno de los pocos lugares que permanecen detenidos en el tiempo en que era puerto fundamental en la ruta de los mercaderes árabes a Zanzíbar.

Ciudad de arte, poesía y arquitectura en la que no hay coches, sólo circulan borriquillos por las calles estrechas. Un puñado de hoteles acoge a los viajeros y desde los restaurantes se ve a los pescadores buceando a pulmón para coger la langosta que pronto estará en el plato. De los safaris a la falla del Rift, de las playas del Índico a la calma de Lamu, Kenia reúne en un solo viaje lo mejor de África.

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