Toledo Gastronómico

La ciudad de las tres culturas

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Autor: Juan Antonio Díaz
Fecha Publicación Revista: 01 de marzo de 2016
Fecha Publicación Web: 05 de mayo de 2016
Revista nº 479

El elevado listón que dejó la conmemoración del Año Greco en Toledo -un hito histórico en términos de resultados turísticos-, se pretende igualar e incluso superar con el impulso de la Capital Española de la Gastronomía 2016, una iniciativa del Ayuntamiento apoyada por el sector hostelero.

A pesar de los muchos vehículos que todavía circulan por su casco histórico, Toledo no es ciudad compatible con el tránsito de ningún medio de transporte, por ello la primera recomendación que conviene hacer es dejar el coche en algún aparcamiento público -que haberlos, haylos- y patear sus calles. Se puede dejar en el parking Miradero y ahí fijar un itinerario que puede dar comienzo en la plaza de Zocodover, antiguo zoco moruno dedicado al ganado y, sin duda, la plaza más concurrida y conocida de cuantas existen en la ciudad. Muy cerca de Zocodover se encuentra el Mercado de San Agustín, espacio caleidoscópico que nació con el objetivo de ser un referente en la oferta gastronómica de la ciudad.

Descendiendo por el margen izquierdo de la Cuesta de las Armas y dejando a la derecha el Palacio de Congresos que diseñó el arquitecto Rafael Moneo, se llega a la calle Núñez de Arce, antiguamente llamada Torno de las Carretas. En la esquina de la calle se encuentra ubicado Ede Mecum, casa de comidas de nuevo cuño con méritos suficientes para ingresar en el escalafón.

Arte y gastronomía

No muy lejos de ahí se halla la mezquita del Cristo de la Luz, construcción musulmana del año 999 cuya visita es más que inexcusable. Retomando de nuevo la calle Núñez de Arce y en la esquina con la plaza de San Nicolás se encuentra La Abadía, local de gran popularidad en el que sirven buena cerveza y pinchos de diferente jaez. Inmediatamente dirigimos nuestros pasos por la calle Alfileritos, que en tiempos estuvo plagada de locales típicos y bares de copas, pero en la que ahora apenas hay alguno que merezca la pena. El mejor es Alfileritos 24, precioso restaurante de varias plantas seguido por Jacaranda, histórico local de copas y tapas situado en el perpendicular Callejón de los Dos Codos.

En la misma calle y una vez pasado el callejón de Menores se encuentra la desacralizada iglesia de San Vicente, templo mudéjar del siglo XIV transformado en Círculo de Arte, o lo que es lo mismo, centro cultural y alternativo que acoge numerosas propuestas escénicas, conciertos, conferencias y presentaciones de libros. Muy cerca, en la plaza de Capuchinas hay una novedosa croquetería y gastrobar que responde al singular nombre de Cantharellus Korokke.

Siguiendo por la calle de la Merced lo mejor es probar bocado en alguno de los muchos locales que existen en torno a la Consejería de Hacienda y Administraciones Públicas: Fábula Taberna, Taberna El Encanto, Embrujo, La Escalera, El Rus y El Rincón de Peter. Cualquiera de ellos sirve, pero de manera especial Embrujo.

A poca distancia se encuentra el impresionante monasterio de San Juan de los Reyes, pero antes nos podemos detener en el original Museo de Productos de Castilla-La Mancha, que ofrece la posibilidad de comer y abastecerse con platos y vinos típicos de la región y otros objetos de  artesanía.

Un laberinto histórico

En plena zona monumental no faltarán motivos para las visitas didácticas: el ya citado San Juan de los Reyes -uno de los templos más hermosos de la ciudad que encargaron los Reyes Católicos al arquitecto Juan Guas-, la Sinagoga del Tránsito y Museo Sefardí, la Sinagoga de Santa María la Blanca y la Casa Museo de El Greco, situados estos tres últimos en el barrio judío.

Merece la pena perderse un buen rato por sus rincones antes de adentrarse en una de las arterias más concurridas y entretenidas de la ciudad, la calle Santo Tomé, en el barrio del mismo nombre, en la que no faltarán grupos de atónitos turistas, callejuelas o travesías de difícil acceso, iglesias de cierto interés como la homónima de Santo Tomé y, por supuesto, el Palacio de Fuensalida, sede del gobierno regional. Anexo, el magistral cuadro de El entierro del Conde de Orgaz, el cuadro más importante de El Greco y una de las obras maestras de la pintura universal, cuya visión es de obligado acatamiento.

A escasos metros, el restaurante La Orza, favorito de muchos toledanos, y Maruxiña Lounge, espacio pretendidamente vanguardista en el que conviven en buena armonía platos y copas.

Tapas, dulces y vinos centenarios

Para los golosos, nada mejor que la mítica Pastelería Santo Tomé, con sus famosos mazapanes, sopas de almendra, princesitas y tartas. Una vez hecho el correspondiente avituallamiento continuaremos por la calle Salvador, que desemboca en la plaza del mismo nombre, pasada la cual iremos hacia la Catedral atravesando una puertecita que se halla enfrente del ábside de Santa Úrsula.

Subiendo por la calle Arco de Palacio nos toparemos con Colección Catedral, tapas, vinos y restaurante, todo en uno. Cerca, en la calle Nuncio Viejo, el Asador Palencia de Lara y pegado a él, Benipan, la mejor panadería de Toledo. No muy lejos de aquí se encuentra el afamado y emblemático restaurante Adolfo, buque insignia del ínclito empresario Adolfo Muñoz. Entremedias, en plena calle del Comercio, Casa Cuartero, recomendable mantequería y tienda de vinos con casi cien años de antigüedad. Estamos en pleno casco histórico y aquí se concentra la mayor parte de la oferta gastronómica de la ciudad. Llama la atención la proliferación de establecimientos dedicados al consumo y venta de jamones y embutidos ibéricos, ¡hasta cuatro se pueden contar en un radio de apenas cincuenta metros! Calle Tornerías abajo, establecimientos veteranos como el bar Tornerías, uno de los mejores para tapear, y La Mona o Platea, de más reciente apertura.

Pasado el Mercado Municipal, otros dos restaurantes dignos de reseñar son Locum (imprescindible visitar su terraza situada en la azotea del hotel Carlos V) y Los Cuatro Tiempos. Remontando de nuevo la calle podemos visitar Ludeña, famoso por sus carcamusas (estofado de magro de cerdo con tomate) y otras estupendas tapas, situado en la plaza de la Magdalena, junto al rehabilitado Corral de Don Diego.

En extramuros

El incesante trasiego de turistas, el rumor de voces que no muy lejos de donde estamos se percibe y la mezcla de olores que llega a la pituitaria, nos indica que hemos vuelto al sitio de donde partimos: la plaza de Zocodover, con sus soportales, sus frecuentadísimas terrazas, su abigarrado ornamento de bancos, kioscos y correspondientes hamburgueserías, faltaría más.

Por ahí resopla el Alcázar con su alargada sombra, el museo de Santa Cruz, antiguo hospital y el Puente de Alcántara, junto al puente nuevo que nos ha de conducir hacia el buen restaurante La Ermita, situado en el Cerro del Emperador, en la zona de los cigarrales y con las mejores vistas panorámicas que puedan imaginarse.

Esto ya es extramuros y además de La Ermita, existen otros restaurantes que así a vuelapluma merecen ser nominados. Por orden de importancia el primero sería El Carmen de Montesión, situado en la urbanización del mismo nombre y único restaurante toledano que luce galones de estrella; enfrente de la estación de RENFE y próximo al barrio de Santa Bárbara se encuentra As de Espadas, un estupendo local que rinde tributo a la cocina de mercado; junto a otra estación -en este caso la de autobuses-, el diminuto La Mar Salá, que enarbola la bandera de los aficionados al género marino y Casa Timbal, flamante gastrobar; en la zona de la Avenida de Europa, un buen referente es Acrópolis; en el barrio de Buenavista despunta Tobiko, una de las sorpresas de los últimos tiempos con su cocina creativa de fusión; en plena muralla, Hacienda el Cardenal, un clásico remozado; muy cerca, en la Avenida de la Reconquista, El Catavinos y la peculiar Taberna de Garcilaso; en zona próxima a los cigarrales se halla Hierbabuena, buen restaurante que resiste el paso del tiempo; en zona de difícil acceso, dirección Hospital Nacional de Parapléjicos, cabe citar Tabordo. Por último, ya fuera del término municipal de Toledo, se encuentran La Casa del Carmen (Olías del Rey, a 10 km de distancia); La Higuera de José (Layos, 12 km) y Casa Elena (Cabañas de la Sagra, 18 km).

Toledo, la ciudad y la provincia, que vivían lánguidamente del campo y para el campo, de los cereales, el olivo, la vid y el ganado, se ha lanzado de cabeza y con pleno derecho, a competir en la carrera de la moderna gastronomía. ¡Mucha suerte!

Guía práctica

Dónde comer

Adolfo  
Hombre de Palo, 7
 
Urb. Montesión, 107
 
As de Espadas 
Tel.: 925 21 27 07 
Paseo de la Rosa, 64
 
Ctra. de Circunvalación, s/n
 
Locum, 6
 
Descalzos, 5
 
Ctra. de Ávila, km 2,20
 

Dónde dormir

Real del Arrabal, 1
Situado en una casa rehabilitada, es un hotel pequeño pero con mucho encanto. Bien ubicado, dispone además de apartamentos si lo que se busca es un ambiente más personal.
 
Pl. Horno de la Magdalena, 4
Muy céntrico, pegado al Alcázar, este renovado y acogedor hotel disfruta de una fantástica terraza-restaurante (atendida por  el restaurante Locum) con espectaculares vistas de la ciudad. 
 
Alamillos del Tránsito, 13
En pleno Barrio Judío, enfrente del Museo de El Greco, antigua casona restaurada y convertida en un hotel con típico sabor toledano.
 
Reyes Católicos, 5
Antigua fábrica de cuchillos del siglo XIX, luego fábrica de harinas y, finalmente, excelente hotel situado en plena Judería.
 
Cerro del Emperador, s/n
Ubicado en la zona alta de la ciudad, tiene el inconveniente de que es absolutamente imprescindible desplazarse en coche, pero su extraordinaria panorámica y su encantadora arquitectura tradicional lo hacen recomendable cien por cien.
 
Pº Recaredo, 24
Antigua residencia del Cardenal Lorenzana construida en el siglo XVIII, guarda el gusto de un edificio antiguo con todo tipo de comodidades.
 
Pl. del Juego de Pelota, 7
Antiguo palacio propiedad de la Emperatriz Eugenia de Montijo, es, por su situación, encanto y la calidad de sus servicios, uno de los mejores hoteles de la ciudad.
 
Tel.: 627 962 032 
Armas, 15
Preciosos apartamentos situados a escasos metros de la plaza de Zocodover. Una joyita al alcance de cualquier bolsillo.
 

 

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