Curiosidades gourmets

Museos a pedir de boca

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Autor: Ana Montes
Fecha Publicación Revista: 01 de noviembre de 2014
Fecha Publicación Web: 18 de mayo de 2017
Revista nº 463

El último en llegar al club de los museos del queso es el dedicado al Manchego, en Manzanares (Ciudad Real), inaugurado en marzo 2014. Faltaba él por tener santuario, cuando otros se exhibían ya en museos propios: Idiazábal, Cabrales, Torta del Casar, Pata de Mulo, entre otros. Creen sus padrinos que servirá para llevar muchas visitas a la comarca porque los museos gastronómicos hacen territorio, marcan país y venden. 

Atraen turistas en busca de experiencias y que más allá de la teoría, quieren ver, oler, tocar y degustar; piden rutas específicas que se revalorizan cuando están provistas de un museo. “Donde hay un museo de producto, se reactiva el turismo gastronómico. Se convierte en un referente. En los dos años que llevamos como Museo del Atún nos han llegado tour operadores nuevos y más visitantes. De otra forma no hubieran venido porque aquí no tienen más alicientes relacionados con la pesca del atún que asistir a las capturas que alguna empresa ya ha empezado a organizar en Tarifa y Barbate; la Ruta Milenaria del Atún, lanzada a finales de 2013, es aún incipiente y muy generalista”, dice Antonio Gómez, de la conservera La Chanca, promotora de este museo en Barbate (Cádiz).

Jamón, jamón

“Si el jamón ibérico tiene umami, el sabor de lo celestial, hay que experimentarlo comiéndolo”, fue el planteamiento de Jamón Experience el nuevo museo monográfico de Barcelona (abril 2014). Unos 2.000 m2 destinados a mostrar el hábitat donde se crían los cerdos ibéricos, el proceso de elaboración y, finalmente, la degustación de producto procedente de las distintas DDOO.

La propuesta del empresario charcutero Enrique Tomás, con una treintena de establecimientos repartidos por las principales capitales de España dedicados al jamón ibérico, es experimentar el producto en 3D.

No es el primero, pero sí el que más lonchas pone a los visitantes en la boca, con dos rutas de larga duración: la del Jamón Ibérico (3,30 h) y la del Sabor (6 h).

Más monográficos sobre tan excelso producto: Museo de la Industria Chacinera de Guijuelo muestra la historia y la tradición del cerdo ibérico, la dehesa y el paso de la producción artesanal a la industrial.

El de Aracena, inaugurado en 2005, se centra en su ecosistema y la artesanía de la sierra de Huelva que da nombre a la denominación; y el de Monesterio, en la provincia de Badajoz, creado a finales de 2012, exhibe la cultura de esta raza porcina desde la dehesa extremeña.

La aventura del oleoturismo España tiene más de 1.760 almazaras –la mayoría de los siglos XVIII y XIX–, algunas de ellas integradas en el centenar de museos dedicados al aceite de oliva. “La gente está descubriendo que hay diferentes variedades de aceitunas de las que se extraen diferentes tipos de aceites de oliva”, señalan desde la dirección del museo de la Fundación Patrimonio Comunal Olivarero, en la población toledada de Mora, que recibe unos 4.000 visitantes al año. Aumentan las visitas guiadas y las catas de aceite de oliva, producto de consumo diario y del que España es el primer productor mundial pero que paradójicamente es bastante desconocido.

Las diferentes campañas promocionales orquestadas por organismos oficiales o por los respectivos consejos reguladores de las DDOO están despertando el interés por el alimento más básico de la alimentación mediterránea. Entre los museos más interesantes destacan el de Castilla-La Mancha (que abarca cuatro DDOO), con una completa colección de antiguas máquinas de extracción; la Fundació Parc Temàtic l´Oli, en Juneda (Lleida), dedicado en exclusiva al aceite de Les Garrigues; el Museo de la Cultura del Olivo Hacienda la Laguna en Baeza (Jaén). “En Andalucía el turismo olivarero aún está despuntando, pero el visitante demanda más experiencias que nosotros tratamos de cubrir”, comentan. 

“Les invitamos a conocer la cultura del olivar diseñando excursiones al campo, proponiéndoles participar en la recolección o a presenciar la actividad. Ofrecemos talleres de iniciación a la cata, desayunos molineros con productos locales…” Almazaras como la del Oro de Bailén promueven visitas; catas en el Castillo de Canena, alojamientos en cortijos como el del Espíritu Santo…, enfocados a potenciar el oleoturismo.

El Museo de la Trufa de Metauten, a 17 km de Pamplona, es el primero de su género en España. Según la dirección, “resulta muy difícil atraer al visitante solo desde el punto de vista intelectual”. Por eso mantienen una oferta activa: paseos por los árboles truferos, búsqueda de trufas de verano e invierno, catas de los diamantes negros o de productos trufados, en aumento entre los productores locales por el estímulo que genera el museo.

Entre vinos

Con 10 años por delante, 100.000 visitantes al año y considerado por la Organización Mundial del Turismo el Mejor Museo del Vino del Mundo, el Museo Vivanco de la Cultura del Vino, en La Rioja, denomina “Experiencias Vivanco” a su nueva marca de enoturismo y ocio. Incorpora novedades como los paneles interactivos -hasta el suelo se convierte en un escenario lúdico y vivo- donde se puede incluso vendimiar; aporta 30 nuevas piezas museográficas de la colección privada familiar, y en el Winecooking el vino es acompañante de la vieira asada con gelée de malvasía o los ñoquis se aderezan con vino de la Colección Vivanco. 

Dignos de mención son Vinseum, en la población barcelonesa de Vilafranca del Penedès, centrado en las características de los vinos catalanes y actividades como “Las estaciones de la viña”, paseos de 4 km a través de los viñedos para conocer las etapas del cultivo en cada estación, o el vallisoletano Museo del Vino de Peñafiel, ubicado en un impresionante castillo levantado sobre un promontorio, que recibe unos 100.000 visitantes/año.

Objetos de colección

Museos como el del Pan de Mayorga, en la provincia de Valladolid; el del Anís de Rute, del Turrón de Xixona; el dedicado al Azafrán de Madridejos en Toledo, o el de la sal en las Salinas del Carmen en Fuerteventura, se unen a otros muchos museos que ilustran sobre el origen y expansión de los productos agroalimentarios españoles. 

Llama la atención que, sin ser el país más chocolatero, tengamos dos buenos museos monográficos, el de la Xocolata de Barcelona, al ser el primer puerto donde Hernán Cortés llegó en 1520 con el cacao proveniente de México, y el de Astorga en la provincia de León, ciudad donde en 1914 se censaron 49 fábricas ya que al casarse la hija de Hernán Cortés en 1545 con el heredero del marquesado de Astorga, éste creó una ruta directa al puerto de A Coruña para traer pescado fresco, salazones y cacao de América. 

Del primero, recomendamos su cafetería, con riquísimas delicias de chocolate, su bien ilustrada exposición –con elaboraciones del gran maestro Escribà–, o los chocolates creativos de Christian Escribà, Oriol Balaguer, Enric Rovira, Jordi Brutón… Del segundo, el conjunto de piezas que atesora.

Vuelta al mundo

Quede como anécdota el antimuseo de la Comida Quemada de Arlington (EEUU) cuya extravagancia acapara innumerables visitas. Pero si se trata de profundizar en los secretos de la alimentación humana, conviene visitar el Alimentarium (Suiza), el primero de este género representado por la Fourchette, un tenedor gigante, símbolo de su carácter lúdico, muy interactivo, que pone a prueba todos los sentidos.

Pensando en si los platos de la cocina de toda la vida podían ser objetos de museo, les surgió una duda culinarioexistencial a los chinos, en vista de lo cual resolvieron crear el Museo de la Cocina (Hangzhou), con comida de plástico a escala real; el visitante puede contemplar centenares de réplicas de elaboraciones históricas, como las budistas-vegetarianas. Con paciencia oriental, el reputado chef Hu Zhongying, tardó dos años en documentarse y cocinó cada receta para que pudieran hacer fielmente los moldes.

Los japoneses tematizan el ramen –fideos chinos que ellos adaptaron a su gastronomía, institucionalizándo como comida rápida, barata, casera y regional– en su Ramen Museum (1994); En Shin-Yokohama, primer parque de temática alimentaria del mundo, se escenifica una típica calle de Tokio de 1958, (año en que los japoneses inventaron el ramen instantáneo), con nueve restaurantes donde degustarlos.

El Museo Nacional de la Mostaza de Middleton (Wisconsin), abierto en 1986, reúne más de 5.500 tipos de mostaza de todo el mundo y de todas las épocas; el Currywurst de Berlín (2009) es un rendido homenaje a la salchicha y su habitual acompañante, el curry, comida habitual en los puestos callejeros. Es curioso el Friet Museum, destinado a la patata frita, en Brujas (Bélgica).

Parte de los orígenes del tubérculo -vía España- para contar que terminó hecha tiras como oportuno sustituto de unos pequeños pececillos fritos que los belgas del Valle de Mozza solían tomar y las heladas de entonces les impidió pescar. Hoy Bélgica presume de hacer este icono nacional más crujiente que nadie friéndolas a 140º C primero y después a 170º C para meterlas en un cucurucho y venderlas en los Fritur, las caravanas ambulantes. El Museo de la Patata de Idaho, de 1912, muestra cómo este tubérculo dio lugar a la lucrativa industria de las patatas fritas.

Perú, con más de 3.000 de las 5.000 variedades de papa que existen en el mundo y 8 especies nativas domesticadas, tiene en el Museo de la Papa Nativa Peruana, en Lima, un ejemplo de la singularidad de este producto, al que también dedica una de sus 12 salas el Museo Casa de la Gastronomía Peruana además del maíz, trigo, el pisco o la chicha. Para conocer todo sobre la pasta, su museo romano –actualmente en obras–, pero para la pizza, Filadelfia, que acoge el mejor en esta especialidad y está incluido en el Guiness.

Pasar por Holanda sin entrar en su Museo del Queso de Amsterdam es perderse la posibilidad de conocer –y degustar– las casi infinitas variedades del producto. Casi un pecado de placer es visitar el Imhott-Schokoladenmuseum en Colonia (Alemania), considerado el mejor y más completo del mundo dedicado al chocolate. De regreseo a Italia, el Gelato Museum Carpigiani (Bolonia) –historia ilustrada de lo que empezó como sorbete, pasó por el granizado hasta llegar a 1929 cuando está registrada la primera heladera semi-industrial. 

La visita se complementa con degustaciones, recetas artesanales históricas y charlas sobre heladería a cargo de los profesores de la Carpiani Gelato University. Sin salir de Italia, el Museo Martini de la Historia de la Enología (Turín), capital de este vino especiado en cuya composición participan hasta un centenar de ingredientes secretos. El recorrido museístico –donde no están todos los que son– finaliza en Perú visitando el museo dedicado al pisco “patrimonio cultural de la nación” desde 1998; la bebida, elaborada por destilación de mostos frescos de “uvas pisqueras”, tiene sede propia desde 2013.

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