Viaje Eslovenia

Joya de los Balcanes

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Autor: Alfredo García Reyes
Autor Imágenes: Alfredo García Reyes / Oficina de Turismo de Eslovenia
Fecha Publicación Revista: 30 de septiembre de 2015
Fecha Publicación Web: 06 de noviembre de 2015

Desde la costa adriática a las alturas nevadas de los Alpes Julianos, se sucenden pequeños lagos de montaña, ríos caudalosos, numerosos bosques, un complejo entramado de cuevas kársticas, algunas incluidas en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco, y campiñas al más puro estilo mediterráneo. Y a todo esto, se suma un atlas humano no menos interesante –la gente de Eslovenia es reconocida por su belleza y amabilidad–, ciudades con tanto encanto como Liubliana, la capital, y una gastronomía que aúna ingredientes y sabores mediterráneos y continentales y que, en manos de chefs con formación internacional, comienza a adentrarse en el campo de alta cocina de fusión–experimentación.

Si se llega al país en coche, lo ideal sería comenzar la ruta por la llamada Istria eslovena, es decir, la franja de poco más de 46 kilómetros bañada por el Mar Adriático, donde se sitúan, entre otras localidades, Portoroz, Izola y Piran, ésta con una inconfundible fisonomía veneciana. La plaza principal de esta ciudad, dedicada al violinista Giuseppe Tartini y abierta a un mar de una belleza impactante, es un buen muestrario de las huellas arquitectónicas que dejó la Serenísima durante los más de cinco siglos en que la zona perteneció a sus dominios.

Eso ocurrió antes de que el Imperio de los Habsburgo se la apropiara y la convirtiera en lugar de descanso para buena parte de la oficialidad militar y sus familias. Conviene subir a la colina coronada por la iglesia de San Jorge, para contemplar la impresionante panorámica de la ciudad, el Mar Adriático y, al otro lado de la bahía, el perfil costero de la vecina Croacia.

Un detalle importante: la zona está bañada por el mar, pero aquí no hay playas. Al menos, tal y como las concebimos nosotros. Es decir, no se trata de calas o arenales costeros, sino de pequeños acantilados con plataformas artificiales desde las que el baño es más que posible, aunque nos parezca algo menos placentero que a lo que estamos acostumbrados.

Paisaje y gastronomía

En esta misma zona merece mucho la pena la visita a las salinas de Piran. Allí, en el restaurante Fonda, se puede degustar lo mejorcito de la gastronomía local: pescados, mariscos, verduras y frutas, condimentados con una sal, extraída aquí mismo, muy rica en minerales. Protagonismo especial en la carta tienen las lubinas y mariscos producidos por una empresa de acuicultura cercana, que aprovecha las riquísimas aguas del entorno de la salina.

Y, luego, lo ideal es relajarse al sol, untados en los barros y sales medicinales que aplican en el thalaso Lepa Vida (thalassolepavida.si) montado con muy buen gusto y fantásticas vistas, cómo no, a la salina. Según los terapeutas del centro, lo ideal es dejar que las sales actúen sobre la piel, durante una noche al menos, para sentir su beneficiosa acción.

Muy próxima está la llamada región del Karst que esconde (nunca mejor dicho) una gran riqueza subterránea en forma de oquedades y dolinas. Un buen ejemplo es la cueva de Škocjanske (park-skocjanske-jame.si), que ofrece un largo recorrido por las entrañas de la tierra, con una sorpresa final: la Sala de los Murmullos, una enorme oquedad de 175 metros de altura, por cuyo lecho corre un caudaloso río que es el que provoca el rumor a que hace referencia su nombre.

Desde luego, esta no es una más de las cuevas de estalactitas y estalagmitas que estamos acostumbrados a visitar. De hecho, en medio del rumor es difícil no emular algunas escenas del “Viaje al Centro de la Tierra” de Julio Verne.

La ciudad de los tres puentes

Siguiendo la frontera de Eslovenia con la vecina Italia, se llega en poco más de una hora en coche hasta la región de Goriška (Gorizia en italiano). Es la más próxima al país trasalpino, pero no solo por una cuestión geográfica: lo cierto es que la zona presenta una forma de vida rural, incluso una fisonomía casi toscana, sembrada como está de olivos, viñedos y frutales en suaves colinas tachonadas de pequeños pueblos, donde el tiempo parece haberse detenido hace décadas.

Aquí se elaboran buena parte de los vinos y aceites de oliva de calidad de Eslovenia, a cargo de pequeños productores, muchas veces de forma familiar. La reducida producción explica que los precios se antojen algo excesivos. En cualquier caso, es una delicia pasear por estos campos, sobre todo a primera hora de la mañana o el atardecer, disfrutando de los reflejos del sol sobre los cultivos, y llegar a localidades como Dobrovo, presidida por un monolítico castillo del siglo XVII.

En el restaurante situado en la bodega de este edificio se pueden catar muchos de esos aceites y vinos locales. El siguiente paso en esta ruta eslovena debería ser Liubliana, a la que se puede llegar en una hora y media (ya comenté que en este país las distancias nunca son grandes).

La capital alberga un bonito muestrario de edificios monumentales, empezando por el castillo que corona el centro histórico y al que se accede a través de un funicular panorámico. Aun así, la auténtica vida urbana está en torno al río y los llamados Tres Puentes (peatonales y unidos) y el Puente del Dragón. Este animal es el símbolo de la ciudad. Contiguo a esta última pasarela sobre el río se celebra, en cuanto llega el buen tiempo, un bonito mercado dominical, gourmet y al aire libre, en el que proveerse de lo mejor de la gastronomía local, a precios interesantes y con un ambiente festivo y muy agradable.

También resulta delicioso pasear por la zona peatonal del centro de Liubliana y dejarse seducir por las tiendas de segunda mano y las de manufacturas. Por ejemplo, las vajillas y piezas cerámicas de Porcelain Catbriyur (catbriyur.net) o los encajes de bolillos que se venden en diferentes comercios. Y, entre compra y compra, sentarse junto a las ventanas de alguno de los cafés de la zona y, desde ese privilegiado mirador, acondicionarse al ritmo pausado con el que disfrutan de la capital sus vecinos y cuantos la visitan.

Como placentero es saborear la sofisticada culinaria del mediático chef Janez Bratovz en su restaurante JB Restavracija, en una zona algo más alejada del centro pero adonde merece la pena desplazarse solo por degustar su menú Sabores de Eslovenia, una interpretación muy experimental de los ingredientes tradicionales del país.

Recuerdos de guerra

En Liubliana se encuentran algunos de los mejores hoteles de Eslovenia. Y también con más encanto. Un buen ejemplo es Antiq Palace Hotel & Spa, auténtico palacio del siglo XVI, con una situación inmejorable y prestaciones muy del siglo XXI. El inevitable siguiente paso es la visita a la zona alpina del país. Aquí no hay las impresionantes alturas que se pueden encontrar en los Alpes de Italia, Francia o Suiza. Aun así, el paisaje resulta espectacular.

Picos nevados que declinan en laderas cubiertas de tupidos bosques y valles profundos horadados por ríos bravos, como el Soca, ideal para practicar actividades como el rafting. Es una de las experiencias que propone la empresa A2 Rafting & Canyoning (slovenia.info/de/de/vodni-sporti/A2-Rafting-Canyoning.htm?vodni_ sporti=4531&lng=3) con Kobarid como punto de partida.

En esta localidad, por cierto, se ha inaugurado un interesante museo sobre la I Guerra Mundial (kobariskimuzej.si/eng). Aquella contienda tuvo en las inmediaciones de la localidad una de sus batallas más sangrientas.

La visita a este museo se completa con la visión de las trincheras en las que combatieron soldados italianos y alemanes, muchas de las cuales aún permanecen en pie. Desde ellas, sobrecoge la belleza (y el silencio) de las montañas donde se sitúan, cubiertas en muchas ocasiones de una tupida vegetación.

Destino vacacional

Pero, sin duda, el paisaje más espectacular en el entorno de los Alpes Julianos es el del lago de Bled. En el medio de esta pequeña superficie lacustre se sitúa una isla minúscula. Tanto que solo cabe en ella un monasterio, su iglesia y su campanario, éste coronado con el característico tejado en forma de cebolla.

La mejor vista del lago y su entorno se consigue desde el castillo medieval, aupado sobre una roca que se eleva vertiginosa (130 metros) al borde de una de sus orillas. Fue edificado a partir del siglo XI, época de la que solo se conserva una torre, porque el resto de edificios catalogn, fundamentalmente, de la época renacentista.

Un lugar idílico, terraza con vistas incluida, para mayores y niños, que disfrutan como pocos al acceder al recinto a través de un foso con puente levadizo. El lago de Bled y los núcleos de población que lo rodean son uno de los principales destinos de recreo para la población eslovena. Y no solo eslovena. Lo cierto es que cada vez más extranjeros de los países vecinos vienen aquí para pasar sus vacaciones en verano y también en invierno.

De hecho, es una zona muy recomendable en toda época del año, por ejemplo para disfrutar de los matices cromáticos del propio lago en función de la climatología de cada estación. Hay numerosas villas de descanso ribereñas, incluyendo la impresionante mansión del mariscal Tito, hoy reconvertida en el lujoso hotel Vila Bled, que tiene hasta un embarcadero privado. Sin duda, este es un buen lugar donde alojarse unos días, contemplando los reflejos de las montañas sobre la superficie acuática, un espejo perfecto en los días sin viento y, sin duda, un buen colofón a este viaje por un país, hasta ahora, casi desconocido.

Guía práctica

Cómo llegar

No hay vuelos de línea regular entre España y Eslovenia. Lo mejor es ir hasta el aeropuerto de Venecia-Marco Polo desde Madrid, Barcelona, Ibiza, Sevilla o Canarias, con las compañías Vueling, Volotea o Ryanair, (desde unos 90 euros) y, una vez allí, alquilar un vehículo. También se puede llegar al aeropuerto de Trieste, también en Italia. La mejor época para ir es desde el principio de la primavera hasta mediados de otoño.

slovenia.info

Dónde comer

Fonda — Salinas de Piran

Aquí la lubina y los mariscos locales, combinados y complementados con todo tipo de verduras, son los reyes de la carta. Platos sencillos, basados en la calidad de producto y aderezados con un ingrediente especial: la sal que se extrae de estas mismas salinas.

Restaurante Hotel Piran — Piran

Aunque el hotel donde se encuentra resulte básico en exceso, no se puede decir lo mismo de su restaurante, abierto al paseo marítimo de la ciudad y en cuya carta se mezclan los productos del Adriático, fundamentalmente mariscos y pescados, con preparaciones al más puro estilo italiano.

JB Restravracija — Lubliana

Un auténtico templo de la nueva cocina eslovena, comandado por el cocinero Janez Bratovz. Es, probablemente, el mejor restaurante del país, sobre todo por su apuesta por la experimentación sin perder de vista los ingredientes más auténticamente autóctonos.

Dónde dormir

Vila Bled — Lago de Bled

La que fuera residencia de verano del mariscal Tito es una villa con 31 habitaciones y suites de decoración un tanto espartana (estilo años 50 del siglo XX), aunque amplias y con soberbias vistas al Lago de Bled. Desde 175 €, habitación doble solo alojamiento.

Antiq Palace Hotel & Spa — Lubliana

En pleno centro de la capital eslovena, ofrece 18 habitaciones y apartamentos muy espaciosos, decorados con un gusto clásico exquisito. También cuenta con un pequeño spa con productos cosméticos de primeras firmas internacionales. Desde 125 € habitación doble sin desayuno y tratamiento en el spa.

Hotel Hvala — Kobarid

Es una de las mejores opciones de alojamiento en la zona, pese a su sencillez. Fundamentalmente porque está en el epicentro de los atractivos naturales, históricos y culturales del valle. Desde 100 € habitación doble con desayuno incluido.

Casa rural Kabaj — Región de Goriška Brda

No es solo un encantador alojamiento rural de seis habitaciones, también una curiosa bodega productora de vino y un restaurante donde se degustan los productos de esta rica región. Lo mejor, despertar con vistas a la campiña que lo rodea y el sonido de las campanas de los pueblos cercanos.

 

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