Sala de barricas

Marcos Eguren

Autor: Mayte Díez
Fecha Publicación Revista: 01 de mayo de 2018
Fecha Publicación Web: 18 de julio de 2018

La sencillez de Marcos Eguren, su naturalidad en el trato, no desmerecen –más bien ensalzan– la valía profesional de este creador de vinos míticos (Teso La Monja, El Puntido, La Nieta...) y uno de los enólogos más respetados y reconocidos dentro y fuera de nuestro país. Le avalan distinciones y honores: finalista al mejor enólogo (2009 y 2012) en la Best Worldwide Winemaker (Wine Enthusiast) y también en dos ocasiones, los usuarios de la Guía de Vinos Gourmets (GVG) le han otorgado el Premio Especial “Por su regularidad en la elaboración de sus vinos siempre en la excelencia” (26 GVG 2011) y “Porque todos sus vinos tienen singularidades que les hacen ser especiales” (33 GVG 2018).

La entrevista se mantuvo en la terraza de una cafetería madrileña, cañita fresca por medio, con interrupciones varias y el rugido de los coches y motos como telón de fondo, apagando las palabras del entrevistado. El hotel no tenía –o eso dijeron– una sala, y el hall era espartano. En fin...

Club de Gourmets– A su vino Numanthia cosecha 2004, Robert Parker le otorgó en 2007 la máxima calificación: 100/100. Fue un buen empujón.

Marcos Eguren–Realmente, una puntuación así es un espaldarazo para la gente que está trabajando en el viñedo y en la bodega. Es el reconocimiento de que las cosas se están haciendo bien y por supuesto, te empuja a seguir en esa línea. O bueno, incluso a mejorar. Porque todo es mejorable.

¿Qué se puede mejorar en un vino excelente?

Hay muchísimos factores que influyen... Es el suelo sumado al clima y a la variedad y por supuesto, el trabajo del hombre. También hay que tener en cuenta que el hombre puede estropear un gran viñedo y una gran uva, pero lo que éste no puede hacer de ninguna manera, es crear una gran uva. Ahí tienen que darse muchas circunstancias.

¿Por ejemplo?

Lo más importante es que hay que aprender a convivir con la naturaleza, observarla con mucho detenimiento y trabajar duro. Yo digo a menudo que hacer vino es casi igual que criar a un hijo. Hay que estar todo el tiempo pendiente de él, ver cómo evoluciona... Cuando consigues esa simbiosis total, es cuando salen los buenos vinos.

Numanthia, un señor vino; y al año, venden la bodega.

La operación de venta se firmó en febrero de 2008 y bueno, para nuestra familia fue un momento... digamos que casi depresivo. Porque nosotros habíamos creado aquello de cero y la verdad es que todo nos había ido muy bien; encontramos un viñedo espectacular y dimos con la manera correcta de elaborar el vino. Habíamos conseguido esa estructura tan enorme, la potencia, la complejidad y la elegancia, que ya es el sumum.

Pero siguen buscando viñedos en Toro.

Bueno, de hecho ya habíamos comenzado antes y teníamos muchas cosas miradas; incluso la bodega estaba ya en plena construcción. Eso mucho antes de vender, sin tener siquiera la idea, porque nunca habíamos pensado vender Numanthia. Pero había que seguir haciendo inversiones. Y aunque nos entristeció por un lado, te puedo asegurar que según terminamos la operación, es decir, al día siguiente, ya teníamos el viñedo que buscábamos. Nosotros nos habíamos enamorado de esa tierra por la capacidad de las viejas cepas toresanas con las que podíamos elaborar vinos únicos.

¿Qué querían conseguir?

Pues pensábamos que al vino le faltaba un poco de frescor, unas notas más ligeras, quizás no tanta estructura y creíamos a pies juntillas que podíamos elaborar un vino diferente. Queríamos la identidad de Toro bien arraigada, la de los grandes viñedos viejos, seguir manteniendo esa elegancia y si se podía superar, buscar el frescor, quizás que fuera un poco más delgado, más seductor. Así nació Teso La Monja.

¿De dónde nace ese otro hito enológico?

De un viñedo único e irrepetible, con cepas de entre 130-140 años, viñedos prefiloxéricos y con suelos de grava. Buscábamos esa estructura en el subsuelo, con más canto rodado –habíamos aprendido en el camino que los suelos más arenosos dan vinos más secos, menos elegantes–, y lo que nosotros buscábamos era esa untuosidad, esa finura, esa elegancia.

¿Qué producción tienen de Teso La Monja?

Es un viñedo de 1,8 hectáreas; la producción de estos viñedos viejos es tan pequeña que sólo podemos hacer unas 850 botellas al año; nunca hemos llegado a las mil.

¿A qué precio sale la botella?

Sobre los 1.200-1.300 euros.

A un vino así se le piden muchas cualidades...

Hay que pedirle todo, que esté por encima de tus expectativas, mucho más arriba y que el vino te emocione. Y que tú, cuando lo pruebes y puedas compararlo con cualquiera de los grandes vinos del mundo –que por cierto, cuestan bastante más–, confirmes que en algunos casos está por encima. Pero bueno; ellos llevan unos quinientos años haciéndolos y nosotros sólo unos pocos.

Su incursión en Toro no ha mermado sus inversiones en Rioja.

Es que somos riojanos, de San Vicente de la Sonsierra ¡el mejor pueblo del mundo! Y como nos inculcó mi padre, somos de comprar un viñedo cada año. Ya lo hacía él, reinvirtiendo casi todo en viñedo; y luego los hermanos hemos seguido haciéndolo, por eso tenemos un buen patrimonio vitícola. Nosotros llevamos el mundo del vino en la sangre.

Desde 1870, los Eguren se han dedicado al cultivo de las viñas y a la elaboración de vinos. El hijo de Marcos, quinta generación, ya se ha incorporado a la bodega. Y la saga continúa.


Grupo de Bodegas Eguren

sierracantabria.com

Señorío de San Vicente, Sierra Cantabria, Viñedos de Páganos y Viñedos Sierra Cantabria (DOCa Rioja); Dominio de Eguren (Vino de la Tierra) y Bodegas Teso La Monja (DO Toro).

Etiquetas: viñedos, vino, bodega, Marcos Eguren, La Rioja,

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