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Chinos en Borgoña

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Autor: Óscar Caballero
Fecha Publicación Revista: 01 de mayo de 2018
Fecha Publicación Web: 23 de julio de 2018

Con sus 800.000 hectáreas de viña, China es hoy el segundo viñedo mundial. Y no sólo para producir tinto peleón como lo demuestran las 6.700 hectáreas orgánicas de la bodega Ho-Lan Soul, en esa Ningxia de la que ya hablan, bien, los enólogos occidentales. En el podio, China está detrás del millón de hectáreas españolas y delante de las 792.000 de Francia.

Conquistan territorios

Sus cerca de 150 châteaux chinos en Burdeos, no representan una invasión: equivalen al 1,4% de los 7.400 châteaux de la región. En conjunto, los châteaux chinos sobrepasan las 3.000 ha.de viña, un 2% de la superficie del mayor viñedo francés.

Según Vinea Transaction, especializado en transacciones vinícolas, en 2015 los chinos protagonizaban en Burdeos el 47% de las inversiones extranjeras, delante de los belgas (21 %) y de los Británicos (11 %). China es el primer importador de vinos bordeleses tras desplazar a Estados Unidos y Gran Bretaña.

Cuando compran un château es para exportar el 80% de su producción a China. Con argumentos, Burdeos es referencia mundial en vino tinto, hay muchas propiedades en venta y a menudo con una mansión historiada. Resultado: una botella de diez euros en Francia decuplica su valor en Pekín.

El gigante francófono

Excepción que confirma la regla, el pionero se concentró en grandes châteaux y ningunea la clientela china: Peter Kwok compró Haut-Brisson, en Saint-Emilion en 1997. Francófilo y francófono, su caso es también especial por ese detalle y su integración en el tejido local. Además, sus adquisiciones sucesivas, hasta la compra de su séptimo viñedo, en enero 2018, se concentraron en DDOO prestigiosas.

También es atípico en este dato: China sólo representa el 10% de sus ventas. No ha revelado el monto de su última compra, pero ese château Bellefont-Belcier se había convertido en 2012 en el primer grand cru classé de Saint Emilion en manos chinas. Quang Wan pagó por él veinte millones de euros. Un derrumbamiento del precio del acero, el secreto de sus millones, le obligó a revenderlo a Kwok.

Compañeros inseparables

Nuevos ricos hacen listas de propiedades en venta y las recorren. Así, Michael Huang, publicista de Pekín, sufrió el flechazo cuando visitaba Château Bonnange, una propiedad sin gran historia.

Concidencia, Bonnnange también se había enriquecido gracias a la publicidad. Situado en la DO Côtes de Blaye, ese vino se había desmarcado de la competencia gracias al cuidado y las inversiones de Bonnange. Huang no sólo las intensificó, también conservó en sus puestos al equipo.

Fascinación bordelesa

Otro dato importante de su arraigo, proporcionado por Huang al Le Figaro: “Burdeos tiene una historia, las bases del vino, la herencia del conocimiento y sobre todo, carece de polución. He recuperado una noción de la naturaleza que conocí de pequeño pero que ya no existe casi en China”.

En junio del 2015, Le Monde contaba el caso de James Zhou, propietario de una empresa de embalajes en Shenzhen, que acababa de comprar château Renon, ocho hectáreas de viña en la DO Cadillac Côtes de Bordeaux.

En esa misma DO de vinos licorosos, pero sin el prestigio de Sauternes y Barsac, el grupo chino de turismo New Century adquiría por entonces Château de Birot, 25 hectáreas de viña y, casi al mismo tiempo, la familia Mau vendía su Château Preuillac, en la DO Médoc a otro chino, “que ya poseía otros dos Châteaux en Libourne”.

El caso más espectacular es naturalmente el de Jack Ma. Modesto profesor de inglés en los 1990, Ma inventó Alibaba en 1999 y hoy es la segunda fortuna de China: 21.000 millones de euros. En 2016 puso un pie en Burdeos: compró Château de Sours. Si sus 80 hectáreas de viñedo dan medio millón de botellas sin mayor historia, la tiene en cambio el château, edificación del siglo XVIII.

Disputa por el poder virtual

Ma, es el único propietario de 4 grands crus y con viñedos en medio mundo, de Argentina a Japón, de España a Uruguay, Magrez es líder de opinión en Burdeos.

Ma lo necesitaba para enfrentar a su enemigo Amazon. La distribuidora virtual de Jeff Bezos contaba más referencias de vino francés que todos los hipermercados galos, que son los mayores vendedores de Francia. Señal de alarma para Ma, única competencia seria de Amazon.

Apoyado en su buena relación, convenció a Magrez de que vendiera sus grands crus en Tmail, portal de Alibaba. El propietario de Pape Clément entró en contacto con los 454 millones de potenciales clientes orientales de Alibaba (más que Amazon en el mundo entero). Y su decisión sirvió de ejemplo: fue seguido por Baron Philippe de Rothschild, Advini, Mondavi, Penfold.

Ma firmó un acuerdo de 4 años con Vinexpo. Y –¿sugerencia de Magrez, que hace años se asoció con Gérard Depardieu?–, incorporó a la actriz Zhao Wei a la sociedad que controla los millones de botellas.

Control administrativo

Esas historias personales no deben ocultar la realidad. Si cada compra la ejecuta una empresa de China o de Hong Kong y/o una persona física, detrás está siempre el partido comunista chino, porque controla las reservas de cambio. Naturalmente, Francia no puede impedirlo. Por el contrario, todo empresario francés que pretenda vender en China debe pasar por una empresa local. ¿Cómo se escribe “sigue” en mandarín?

Etiquetas: Francia, tendencias, bodegas, châteaux, chinos, Borgoña, vino,

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