Chaves (Portugal)

Saudade invernal

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Autor: José Luis Murcia
Fecha Publicación Revista: 30 de noviembre de -0001
Fecha Publicación Web: 05 de marzo de 2018

Y no es que sea el final del otoño o prin­cipios de invierno la época en que puede visitarse esta bonita ciudad portuguesa, que apenas dista 20 kilómetros de Verín (Ourense); pero conserva esa aura de misterio de la Galicia rural, algo que curio­samente no sucede en el área de Monterrei, más cercana geográfica y paisajísticamen­te a la meseta castellana, que se enaltece aún más en la estación de la caída de la hoja y las lluvias abundantes.

La ruta monumental

La zona más interesante de Chaves se sitúa en la orilla occidental del río Támega, a la que se llega tras cruzar el puente romano de granito construido en tiempos del empe­rador Trajano, allá por el siglo II de nuestra era. Los edificios más interesantes de la ciudad se encuentran alrededor de las fa­mosas plazas de Camoes y de la República. La iglesia de Santa María la Mayor, cono­cida popularmente como la Iglesia Matriz, está ubicada entre las dos plazas y aún se aprecian restos de su origen románico, aunque la construcción actual catalog del siglo XVI y en ella pueden apreciarse los rasgos renacentistas que le confieren singularidad. Muy cerca de ella se levanta la Iglesia de la Misericordia, construida un siglo después, y el Palacio de los Duques de Braganza, sede ahora del Museo de la Región Flaviense.

Tras el palacio se sitúa la llamada Torre del Homenaje, resto de la fortaleza edificada por el rey Dinis en el siglo XIV y conocida popularmente como el castillo, sede del Museo Militar que expone armas antiquísi­mas, armaduras, objetos procedentes de las luchas coloniales llevadas a cabo por los conquistadores portugueses y recuer­dos de la I Guerra Mundial. El pasado de la ciudad como lugar fronterizo y estratégico puede verse en emplazamientos militares, ubicados fuera del casco urbano, como los Fuertes de San Francisco y Neutel.

Entre caldas y presunto

Pese a su riqueza monumental y a ese per­manente estado de melancolía que ofrece esta ciudad portuguesa, hay dos atractivos que le permiten ser destino turístico: el primero es el de sus aguas termales, si­tuadas a menos de 200 metros del casco histórico y rodeadas de establecimientos hoteleros adaptables a cualquier economía; el segundo, su gastronomía que encabeza el presunto de Chaves, un jamón más pare­cido en textura al de Parma que al español y sus salchichas de cerdo ahumadas. Pero su gastronomía popular va mucho más allá con el folar de Chaves, un alimento ancestral que consiste en un pan elaborado con huevos, harina de trigo, agua y sal que se rellena de linguiça (embutido parecido al salchichón), huevo duro o salpicao (similar al chorizo).

Otros platos populares en la zona son la ensalada de chícharos (guisantes o garban­zos), la sopa de repollo, el caldo de manteca de cerdo o el de judías pintas, además del arroz de fumeiro, que contiene linguiça e salpicao, el cocido de Tras Os Montes, el arroz con setas, el guiso de níscalos o el conejo de monte a la cazadora.

Como zona de interior, el pescado se redu­ce a peces de río encebollados, ensalada de bacalao, pulpo cocido o filetes de sardina empanados. Hasta la repostería es original, en contraposición a la costumbre y lejana de los postres típicos de otras zonas, ya que los pastéis (pasteles) de Chaves en vez de ser dulces son salados; elaborados con una masa de hojaldre y carne picada de cerdo. Y, claro, por su composición, se sirven como aperitivo acompañados de una copa de vino blanco.

Carvalho, templo culinario

El restaurante Carvalho catalog de 1992, pero desde que su mentor, José Manuel Lopes de Carvalho, abrió sus puertas en el centro histórico de la ciudad, junto a las termas, el establecimiento se ha convertido en el tem­plo gastronómico por excelencia, ya que combina una excelente cocina tradicional con un servicio impecable y una decoración bastante original, que mezcla elementos clásicos junto a otros más vanguardistas.

Se trata de un negocio familiar que dirigen Ilda Lobo, gerente y cocinera a la vez, con cerca de 40 años de experiencia, y su hija Manuela Carvalho, que atiende la sala y está pendiente de cualquier movimiento del personal y de los comensales.

Recomendado por la Guía Michelin, y ele­gido por las diferentes guías portuguesas como uno de los mejores restaurantes lusos, presenta un ambiente mágico, ori­ginal, austero y agradable. Merece la pena probar su ensalada de bacalao, su jamón de Chaves laminado y su linguiça con grelos en los entrantes.

Entre los pescados, destaca su lamprea a la bordelesa, y su bacalao a gomes de sá; entre las carnes su cabrito, su maíz con costillas, su arroz fumeiro o su carne de cerdo con almejas. Entre sus postres, el dulce de huevos con almendras, las tartas caseras o las migas de Carvalho, finísima crema con cabello de ángel, almendras y canela. Y una carta de vinos portugueses,  con algún vino español de la vecina deno­minación de origen Monterrei, excelente. El precio medio con vino puede estar en torno a los 25-30 euros.

Populares y modernos

Con un concepto más moderno, especial­mente en la decoración, se presenta Quinta da Cera, algo más lejos del centro, donde destacan el pulpo a la parrilla, bacalao al horno o medallones de ternera. Su precio medio está en torno a 30 euros.

También en el centro, más populares e informales, merecen la pena Adega Fausti­no, especializada en tapas y raciones como oreja de cerdo, chorizos a la brasa, pulpo, cabrito y lechón. Y O Lavrador que ofrece entre sus mejores platos el bacalao grati­nado, el cordero asado, el pulpo a la brasa y carnes de cabrito y lechón.

Para alojarse las mejores opciones, ambas no muy lejos de la ciudad, son el Forte de Sao Francisco, una especie de parador con amplias habitaciones y zona de relax o el Casino de Chaves, también con oferta de relax y masaje, golf y opciones diversas para los amantes del juego. Ambos pueden conseguirse por un precio alrededor de 85 euros la habitación doble. O su famoso bal­neario Caldas de Chaves, en pleno centro de la ciudad con oferta de aguas termales. Y es que Chaves es, sobre todo, descanso, naturaleza, historia y saudade.

 

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