Caminito del rey

Pisando el aire

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Autor: Enrique Domínguez Uceta
Autor Imágenes: Enrique Domínguez Uceta
Fecha Publicación Revista: 01 de octubre de 2018
Fecha Publicación Web: 19 de diciembre de 2018

En la provincia de Málaga, las aguas que se recogen en el interior, en el entorno de la bella ciudad de Antequera, han encontrado su salida hacia la costa a través de una garganta, el desfiladero de los Gaitanes, que se abre paso en las sierras penibéticas como si un cuchillo las hubiera seccionado.

Este paisaje abrupto e inhóspito, de violenta belleza, habría permanecido secreto, como refugio de flora y fauna, si no se hubiera decidido, a principios del siglo XX, retener el río Guadalhorce en un gran embalse y aprovechar el desnivel que salvaban las aguas para generar electricidad en la central de El Chorro. Para lograrlo, fue necesario construir un canal de agua, en la parte alta del desfiladero, y una serie de pasarelas, agarradas a las paredes verticales, para su mantenimiento.

En 1921, cuando Alfonso XIII acudió a Málaga para inaugurar las obras del embalse del Conde de Guadalhorce, recorrió las vertiginosas pasarelas y, desde entonces, ese itinerario espectacular se llama Caminito del Rey.

La belleza del vértigo

Caído en el abandono durante décadas, el deterioro de las instalaciones convirtió este trayecto en una ruta peligrosa, con varios accidentes mortales que la mitificaron como un destino de aventura, cuya belleza invitaba a correr el riesgo.

Tras unas modélicas obras de reconstrucción, realizadas por el arquitecto malagueño Luis Machuca, el Caminito del Rey volvió a abrirse en 2015, y ahora se visita en las mejores condiciones de seguridad y comodidad, en un paseo cómodo y asequible, ideal para degustar sin prisa un paisaje secreto y fascinante.

Todo resulta agradable, sencillo y placentero. El hermoso territorio que se atraviesa para llegar por carretera, entre aguas azules remansadas, montañas y pinares, lleva hasta el embalse del Conde de Guadalhorce, donde se deja el coche para iniciar una excursión de menos de ocho kilómetros, de los que casi tres transcurren en el interior del Caminito del Rey.

En la entrada se reparten cascos y auriculares para quien realiza la visita guiada. Allí comienza una marcha relajada, en suave descenso, sin riesgo, pero plena de vértigo y emociones. En menos de cuatro horas se completa un paseo asombroso, acompañando el descenso del río, que se desploma más de cien metros a lo largo del recorrido. Junto a la entrada del Caminito del Rey se contempla un embalse más modesto, el de Gaitanejo, justo antes de entrar en el profundo desfiladero por donde el río Guadalhorce se ha abierto paso tallando altas rocas que fueron sedimentos marinos en el periodo Jurásico y se convirtieron en montañas durante el Plegamiento Alpino.

El sendero se adentra directamente en el tajo, y se encarama en una angosta pasarela que se agarra a la pared derecha del cañón y lo recorre muy elevada por encima de las aguas del río Guadalhorce. El espacio es tan estrecho que en ocasiones se reduce a sólo diez metros de ancho, entre farallones de trescientos metros de altura que caen a plomo. La luz apenas penetra hasta el fondo del barranco en el que brilla el agua al saltar entre las rocas, mientras vencejos y palomas bravías vuelan a salvo de las rapaces que las acosan en los espacios abiertos.

Puente entre barrancos

Tras atravesar el desfiladero de Gaitanejos y el Tajo de las Palomas, se pasa junto al antiguo Puente del Rey, que cruzaba al otro lado del barranco, donde permanecen las vías, todavía en uso, del primer tren que llegó hasta Málaga capital. Aprovechó la misma grieta natural que el Caminito del Rey, con una admirable sucesión de túneles y viaductos, inaugurados en 1865 por Isabel II, abuela de Alfonso XIII.

Pasado el puente, el Caminito deja las pasarelas y baja al suelo, serpentea entre pinares, algarrobos y matorrales, bordeado por acantos, helechos y palmitos, en el ancho valle del Hoyo. Es la zona más amena, ideal para contemplar sin prisas los regatos de agua, las altas paredes rocosas de calizas y dolomías, manchadas con guano en los posaderos de los buitres leonados. El aislamiento secular ha preservado el valle como un tesoro ecológico, en el que viven la cabra montés, el zorro, el meloncillo, y la nutria en sus limpias aguas.

Tras una breve incursión a cielo abierto por el interior del canal de las antiguas conducciones de agua, se llega al desfiladero de los Gaitanes, el segundo gran tajo de camino, que alcanza los 400 metros de profundidad. Otra imponente pasarela discurre por esta grieta, a gran altura sobre las aguas del río Guadalhorce, proporcionando vistas asombrosas, y la emoción de situarse sobre un pequeño balcón con suelo de cristal para sentirse pisando el aire.

Pronto se llega al paso más impresionante de la aventura, el Puente Colgante, de cables de acero, que salta el cañón y pone un punto de adrenalina a quienes lo atraviesan viendo bajo sus pies, a través de la trama metálica del suelo, las aguas al fondo del estrecho abismo. Luego, una delgada pasarela se agarra a la alta pared vertical del friso de Las Frontales, donde una jaula protege el sendero de la posible caída de piedras.

Al volver a pisar suelo firme, al visitante aún le queda un trecho en descenso hasta la estación de ferrocarril de El Chorro, con vistas espectaculares sobre el embalse del Tajo de la Encantada, que llega hasta los pies del alto farallón de Las Frontales, un lienzo de piedra vertical decorado con el dibujo natural de los estratos de antiguos sedimentos marinos. Volver la vista atrás, para contemplar desde la senda de salida el delicado puente colgante por el que se ha cruzado el desfiladero y la ligera pasarela que se dibuja como un hilo en la pared rocosa, contribuye a la sensación de haber realizado un itinerario extraordinario.

Calzado cómodo, agua y refrigerio

A lo largo del Caminito del Rey no hay venta de agua ni de alimentos. Conviene llevar bebida y buenos productos de la zona para tomar un refrigerio en el valle del Hoyo. El bienmesabe o los roscos de aceite de las monjas de Belén, comprados en Antequera, son una dulce sugerencia.

Al salir del recorrido, el restaurante La Garganta, junto a la estación de El Chorro, es la mejor opción. Un autobús lanzadera devuelve a los visitantes al aparcamiento en el que habrán dejado sus vehículos, junto al sencillo restaurante El Kiosko, donde un modesto potaje de garbanzos o un sabroso chivo pastoril puede devolver las fuerzas a los viajeros. Las mejores recomendaciones en el entorno incluyen el restaurante Yerbagüena en Campillos, a sólo 18 kilómetros, y en Antequera el Mesón Adarve, el Plaza de Toros y El Refectorio.

Para alojarse en el entorno del Caminito del Rey, Antequera tiene mucho que ofrecer, desde el Hotel Convento La Magdalena (5*), al Hotel Antequera y el Parador Nacional, en una población monumental del interior malagueño, poseedora de las maravillosas formaciones rocosas del Torcal y los extraordinarios Dólmenes, declarados conjun-tamente Patrimonio de la Humanidad.

Etiquetas: Málaga,

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